ETA debería estar ya más que acostumbrada a buscar sustitutos a sus jefes caídos. No en balde, el de ayer es el sexto golpe a la cúpula militar en dos años. Sin embargo, según coinciden todos los expertos, la operación ha dejado, al menos momentáneamente, descabezada a la banda y sin un heredero claro. La razón es que ETA no tenía un plan B: solo había previsto que si Mikel Karrera caía fuese sustituido de manera automática por su lugarteniente y hombre de confianza, Arkaitz Agirregabiria. El problema es que Agirregabiria, sorprendentemente, estaba junto a Karrera y también ha caído en manos de las fuerzas de seguridad.
Esta crisis sucesoria es inédita en ETA y podría provocar algún enfrentamiento, aunque los servicios de información de la Policía y la Guardia Civil dan por seguro que en un breve plazo de tiempo habrá un nuevo jefe. Todos los analistas señalan a Eneko Gogeaskoetxea, el actual jefe del aparato logístico de la banda. Se trata de un veterano de 44 años, con más de una docena de años de militancia en ETA y con una familia muy vinculada a la banda terrorista.
De confirmarse la hipótesis policial, Gogeaskoetxea sería el primer jefe de ETA que sustituye en el cargo a un familiar. Su hermano Ibón ocupó la jefatura militar de los comandos durante diez meses, hasta que fue detenido el pasado mes de febrero. Eneko, como Ibón, está curtido en la actividad terrorista. Ambos supuestamente pertenecieron al comando Katu, autor, entre otros, del atentado que costó la vida al ertzaina José María Aguirre. Solo hay dos nombres que podrían hacer sombra a la candidatura de Gogeaskoetxea. Se trata de la actual jefa del aparato político de la organización criminal, Iratxe Sorzabal, ex portavoz de Gestoras Pro Amnistía, y del veterano José Luis Eciolaza Galán, Dienteputo, un histórico cuya sombra siempre planea sobre la dirección de la banda.