El PP se impone la ley del silencio

Antonio Montilla

ESPAÑA

Esperanza Aguirre y Ruiz-Gallardón evitan hacer comentarios para no echar leña al fuego del enfrentamiento entre ambos, agravado por el exabrupto de la presidenta

02 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El santo Job, a su pesar, reaparece. Mariano Rajoy dejó claro en noviembre pasado que las grescas en el PP de Madrid y Valencia habían colmado su paciencia. «No habrá próxima vez», dijo entonces. Pero la próxima vez ha tardado solo dos meses en llegar. El exabrupto de Esperanza Aguirre -que el pasado viernes calificó de «hijoputa» a un dirigente del PP, aunque ha negado que aludiera a Alberto Ruiz-Gallardón- ha puesto a prueba el ultimátum que dio en su día el presidente del partido. Y como Rajoy, el resto: el PP se ha impuesto la ley del silencio ante la grosería de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

La autocensura se ha impuesto de manera previa a la reunión que el comité de dirección del PP celebró ayer. De hecho, tanto Esperanza Aguirre como Alberto Ruiz-Gallardón declinaron hacer comentarios, aunque con matices muy significativos. El alcalde de Madrid está que explota, según señalan sus allegados, aunque ha optado por morderse la lengua y guiarse por la mesura. «No voy a hacer ningún comentario que perjudique a mi partido», respondió Gallardón ante las insistentes preguntas a su llegada a la inauguración de un campo de fútbol. La contestación de la presidenta de la Comunidad de Madrid fue igual de escueta y mordaz. «No voy a hacer ninguna declaración, querido; ya sabes que hago muchas, pero hoy no», soltó Aguirre ante un enjambre de cámaras e informadores.

Hasta una docena de preguntas encajó la secretaria general, Dolores de Cospedal, sobre esta cuestión durante la habitual comparecencia tras la reunión del comité de dirección. Fue imposible sacar a la número dos del PP de su guión. «No voy a interpretar unas palabras que se dijeron en el ámbito privado», fue la expresión más contundente. Sí recordó que Aguirre «había pedido perdón públicamente» y que no tenía «nada que objetar» a ese perdón.

Falta grave

De Cospedal también se salió por la tangente ante la posibilidad de abrir expediente informativo a Aguirre y no solo por la forma, sino por el fondo del asunto: la supuesta maniobra para ceder a IU un consejero en Caja Madrid, restándoselo al PP, lo que, a priori, puede calificarse como un perjuicio para el partido, circunstancia que los estatutos del PP califican de «falta grave».

Fuentes del PP justifican que no se le sancione porque sus manifestaciones, aunque groseras, formaban parte de una conversación privada sin intención alguna de que se hicieran públicas. La diferencia con Manuel Cobo, el vicealcalde Madrid, radica, según estas fuentes, en que este hizo unas declaraciones muy beligerantes con Aguirre en un medio informativo con la finalidad de que las leyera todo el mundo.