Está convencido de que dentro de un año volverá a crearse empleo neto, lo que consideró su obsesión
31 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.José Luis Rodríguez Zapatero está satisfecho con su gestión de la crisis. Lo dijo durante su ya tradicional balance de fin de año en el palacio de la Moncloa, en el que afirmó que no se arrepiente de nada y que «en términos generales» volvería a hacer lo mismo. «Hemos realizado un grandísimo esfuerzo», alegó. El resumen del presidente del Gobierno sobre su actuación durante el 2009 fue, como suele ser habitual en él, optimista. Estamos, según dijo, en un «momento de tránsito» entre la recesión y la recuperación económica, pero su vaticinio es que en el 2010 la situación mejorará hasta el punto de que, en la última parte del año, volverá a crearse empleo neto, lo que calificó como su gran obsesión. Las palabras de Zapatero se toparon, sin embargo, con fuego amigo. Apenas unas horas antes de su comparecencia, el futuro comisario europeo de Competencia y vicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, advertía que el año próximo va a seguir siendo «malo» tanto para España como para Europa. «Salimos de la recesión pero salimos debilitados, poco a poco y no vamos a tener en el 2010 una recuperación vigorosa que nos lleve a crear empleo», avisó. Este tipo de afirmaciones hacen daño al presidente del Ejecutivo porque, como ya se admite abiertamente en sus filas, arrastra un déficit de credibilidad en materia económica que, en buena medida, se deriva de su negativa inicial a reconocer la crisis. Aquello le persigue y él mismo lo admitió. Fue su única autocrítica. Y eso que ya había entonado el mea culpa por el mismo asunto en su balance del año 2008. «No estuve muy acertado porque pude provocar una sensación equívoca en la opinión pública, pero como presidente del Gobierno uno siempre se encuentra con una contradicción, y muchos ciudadanos me van a entender, por el deber de transmitir cierto grado de confianza», se justificó. Con todo, insistió en que los españoles deben ser conscientes de «lo que hemos vivido este año y estamos a punto de dejar atrás». Afirmó así que las medidas gubernamentales del plan E han permitido «consolidar y proteger» el sistema financiero y los ahorros de los españoles; han mantenido la actividad y el empleo de cerca de medio millón de personas y más de 14.000 pymes, ha facilitado el crédito a más de 300.000 empresas a través del ICO y han garantizado la supervivencia de sectores estratégicos como el del automóvil o el turismo. En el debe estarían los 4 millones de parados, una cifra que no citó y que tampoco aparece en el cuadernillo que ha elaborado el equipo de Comunicación de La Moncloa bajo el epígrafe Síntesis de gestión. El motivo es que el presidente del Gobierno no se considera que las «duras y muy altas» cotas de desempleo sean consecuencia directa de su actuación. Pero afirmó que esta es su «gran preocupación». Diferencias ideológicas Lo que no negó el presidente Zapatero es que la crisis ha provocado daños colaterales, que todas las instituciones democráticas han sufrido un desgaste y que la imagen de los partidos políticos se ha deteriorado ante la opinión pública. Sin embargo, atribuyó este problema a un hecho meramente coyuntural y pasajero. Y, pese a admitir que frente a la recesión, lo más conveniente es el concierto político, negó que sea necesario un gran acuerdo nacional similar a los pactos de La Moncloa. «Hay diferencias ideológicas que conviene tener claras; esa es la esencia del sistema democrático», alegó.