La percepción de la corrupción se desbocó en España en el último año

ESPAÑA

Los expertos reclaman un pacto político para afrontar el problema y entrar en el G-20 de los países más limpios

18 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Desde que el juez Garzón puso en marcha la operación Gürtel, a finales de enero, los casos de corrupción han ocupado un lugar preferente en todos los medios de comunicación. La gravedad, extensión e implicaciones políticas de algunos de esos casos han generado una alarma social que ahora se ve reflejada en el informe sobre percepción de la corrupción publicado ayer por la organización Transparencia Internacional. España ha empeorado apreciablemente en el índice de corrupción que elabora este organismo. En el último año ha descendido cuatro puestos, acentuando una tendencia negativa que se inició en el 2004, cuando ocupaba el puesto 22 del ránking con una puntuación de 7,1. Este año ha bajado al 31 y la nota, al 6,1.

El informe que anualmente elabora Transparencia Internacional para cerca de 200 países de los cinco continentes elabora un índice compuesto, basado en 13 encuestas a expertos y empresas, que permite medir la percepción que se tiene de la corrupción en el sector público de cada país. Este índice esta liderado tradicionalmente por los países nórdicos, aunque este año han sido superados por Nueva Zelanda, que, con una puntuación de 9,4, aparece como el país más transparente. En el extremo opuesto se encuentran Somalia (1,1) y Afganistán (1,3). Es decir, países en los que la Administración prácticamente no existe, lo que alimenta la corrupción y la proliferación de mafias y grupos de delincuentes que se aprovechan de la carencia de instituciones reales y/o eficientes de gobierno para, como en el caso de los piratas que han mantenido retenidos durante mes y medio al atunero Alakrana, para campar por sus respetos e imponer la ley del más fuerte.

El empeoramiento relativo de la corrupción en España puesta de manifiesto por Transparencia Internacional viene a corroborar otro en el mismo sentido publicado hace menos de medio año por el Banco Mundial, que colocaba a España a la cola de los países de la OCDE, esto es los más desarrollados, en la eficiencia de sus instituciones de gobierno y de la lucha contra la corrupción.

Los expertos coincidieron ayer, en la presentación del informe, en la necesidad de un pacto de Estado para acabar con una lacra que el ex diputado Nicolás Sartorius definió recientemente, en declaraciones a La Voz, como «el peor cáncer para una democracia, lo único que puede destruirla».

Antonio Garrigues, miembro de la sección española de Transparencia Internacional, aseguró ayer que «la corrupción es perfectamente controlable», lo que hay que hacer es no resignarse y afrontarla con decisión mediante un pacto político que implante sistemas adecuados de prevención y de control. En este sentido, consideró preocupante que el coste político para quienes se ven implicados en escándalos de este tipo no sea suficientemente alto.

Manuel Villoria, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, aludió a la pretensión del Gobierno de asentarse como miembro del G-20 para considera necesario que España «entrara en el G-20 de los países menos corruptos», porque se trata de un fenómeno que frena el crecimiento y porque «si no se ataca, se expande». No obstante, Villoria destacó que si la percepción de la corrupción aumenta es precisamente porque «ahora se investiga más, los mecanismos de lucha se han perfeccionado». Y prueba de ello es que la mayoría de los escándalos que se están destapando ahora tienen su origen en actividades de hace más de cuatro años. Para Jesús Sánchez Lambas, también de Transparencia Internacional, lo mejor es se ha creado una cultura de lucha contra el problema.