Nicolas Sarkozy y Carla Bruni fueron recibidos en Barajas por Moratinos y después se desplazaron al palacio de El Pardo, donde los esperaban los Reyes; la banda de la Guardia Real interpretó la Marsellesa y el himno de España; sonaron 21 salvas de honor, y don Juan Carlos y Sarkozy, seguidos a unos pasos por la Reina y Bruni, pasaron revista a una compañía de honores.
El matrimonio galo tuvo luego un almuerzo privado con los Reyes y, por la tarde, visitó el Museo del Prado. Él se escapó después a encontrarse con el líder de la oposición, Mariano Rajoy, y tras una recepción en la embajada francesa se puso de gala para la cena en el Palacio Real, con más invitados que nunca.
Pocos jefes de Estado extranjeros han gozado de tanta atención en su primer viaje oficial a España. Y no porque quepa esperar un antes y un después de esta visita en las relaciones bilaterales con Francia, sino porque tanto el presidente francés como su mujer poseen un atractivo mediático fuera de lo habitual que no dudan en explotar.
Más allá de las fotos, aún así, la cumbre hispanofrancesa que se celebrará hoy servirá para sellar la voluntad de entendimiento entre dos dirigentes de ideologías opuestas, pero con una concepción similar de la política.