El ruido de togas apenas se oyó

ESPAÑA

La huelga de los jueces retumbó en el Ministerio de Justicia, pero su eco llegó casi en silencio a los juzgados, donde los servicios mínimos colmaron a los ciudadanos

19 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

No parecía una huelga. Fue un paro distinto al resto. Nada que ver con otras reivindicaciones laborales. No hubo concentraciones ni rimas burlonas hacia el Gobierno. Mucho menos, piquetes informativos. Y las molestias que causaron al resto de ciudadanos fueron anecdóticas. «No nos movilizamos contra los ciudadanos, sino por los ciudadanos», pregonaban ayer el 82% de los jueces coruñeses que secundaron la huelga.

Más simbólica que otra cosa, la huelga en A Coruña se notó porque el edificio de los juzgados estaba prácticamente vacío, sin movimiento, sin el ajetreo habitual de gente yendo y viniendo por sus cuatro plantas. Los servicios mínimos resultaron ser máximos, pues cualquier asunto de urgencia estaba garantizado, como causas con presos, órdenes de protección o medidas cautelares, levantamientos de cadáveres, entradas y registros o cualquier asunto relacionado con la violencia machista.

Además, trámites tan cotidianos como los del Registro Civil (certificados de nacimiento, de defunción...) eran ventilados por los funcionarios, que no estaban de huelga. Sí es cierto que algunas declaraciones se tuvieron que posponer. Tampoco se señalaron juicios ni los hubo, pero eso ya se sabía desde hace semanas y nadie estaba citado para comparecer ayer en un proceso penal, civil o mercantil.

El juzgado de guardia funcionó como cualquier otro día. La magistrada que esta semana se ocupa de él, que secunda la huelga, atendió los asuntos que le llegaron, tal y como quedaba fijado en el plan de servicios mínimos que, al contrario que ocurre en huelgas de otros sectores, los han tenido que fijar los propios manifestantes, porque ni el ministerio ni el Consejo General del Poder Judicial quisieron asumirlo. «En ningún momento quisimos entorpecer el funcionamiento de los juzgados y dañar los intereses de los ciudadanos, por lo que optamos por una amplia cobertura de los servicios mínimos. Así, queda más que demostrado que nuestra actitud es la de llamar la atención del ministerio, no de causar molestias a los ciudadanos», reconocía ayer el juez decano coruñés, Antonio Fraga Mandián, en la rueda de prensa conjunta que ofrecieron a última hora de la mañana en la sala de juntas. Hasta entonces, los despachos de los magistrados permanecieron vacíos. Se les vio más que nunca. En corrillos en el edificio, en la sala de juntas y en las cafeterías que rodean los tribunales. Se preguntaban unos a otros sobre el seguimiento en otros partidos judiciales. «En Ferrol fue de maravilla; no hay ni un juez trabajando»; fulanito, que ha votado en contra del paro en la asamblea del mes pasado, «ha terminado convencido y se ha unido a nosotros»; menganito «no se moja ni en la ducha»... fueron algunos de los comentarios de los magistrados a lo largo de una jornada en la que transcurrió sin más incidencia que un aviso de falsa bomba a las siete de la mañana.

Ciudadanos despistados

En cuanto a los pocos ciudadanos que ayer acudieron a los juzgados, salvo los despistados -una mujer preguntó sorprendida «¿hay huelga de jueces?»- se hicieron oír dos. Y hablaron como si fuesen jueces: «Cómo no van a protestar si andan todavía con máquinas de escribir». Otro, en cambio, tenía una visión distinta: «Huelga la teníamos que hacer los ciudadanos contra ellos».

La anécdota de la jornada la presenció un abogado. Cuenta cómo un funcionario se quitaba trabajo de encima culpando a la huelga. «Apareció un anciano preguntando un asunto nimio, de fácil respuesta, y el empleado de Justicia le respondió que fuese otro día, que había huelga de jueces».

En Ferrol también hubo curiosidades, como la protagonizada por una anciana de 88 años citada para que ratificase su denuncia contra los responsables de la empresa municipal de aguas por un accidente, y le dijeron: «Vuelva usted mañana».