Aguirre queda en manos de Rajoy

ESPAÑA

El caso de espionaje en Madrid perjudica al líder del PP, pero le otorga por primer vez el control de una batalla interna que puede acabar con el futuro político de la «lideresa»

25 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El escándalo del espionaje en la Comunidad de Madrid ha resucitado un enfrentamiento entre Rajoy y Esperanza Aguirre que permanecía simplemente congelado a la espera de una llama de vida. Aunque hubo un tiempo en el que sus relaciones eran idílicas, la presidenta madrileña ha desarrollado una rara habilidad para, intencionada o involuntariamente, aguar la fiesta al líder del PP.

En vísperas del pasado congreso nacional del partido, diseñado para afianzar el liderazgo de Rajoy, la ambición de Aguirre abrió los ojos de los dirigentes críticos, que a punto estuvieron de abortar el tercer asalto del político gallego a la Moncloa. Ahora, a pocos días de abrirse el Foro Abierto del PP, creado para pulir la imagen decimonónica de Rajoy y vincularlo a las nuevas tecnologías, el escándalo en la Comunidad de Madrid rompe ese esquema y fija de nuevo la imagen de un PP anclado en viejas trifulcas. Pero, a diferencia de otras ocasiones en las que Aguirre ha salido reforzada incluso tras la aparente derrota, Rajoy ve ahora abierta la oportunidad de acabar con el futuro político de su rival más peligrosa en el partido.

En 1999, el ahora líder del PP sustituyó con naturalidad a la entonces ministra de Educación. Eran dos políticos de perfil similar, con buena imagen pública y cierta habilidad para sortear los problemas poniéndose de perfil. Rajoy sigue fiel a ese modelo, pero Aguirre ha mudado a un estilo de dama de hierro a imitación de Margaret Thatcher, que ha degenerado en bronca con Rajoy. Para explicar ese paso de la amistad a la disputa existe una figura clave: Alberto Ruiz Gallardón. Situado entre ambos, el alcalde de Madrid provocó los celos de Aguirre hasta obligar a Rajoy a hacer lo que menos le gusta: tomar una decisión firme e irrevocable. Optó por Gallardón, y las consecuencias colean todavía.

Gallardón es la clave

Desde la dirección nacional del PP admiten que no tienen todas las claves. Pero aseguran que el escándalo del espionaje no se explica sin la guerra a muerte entre Aguirre y Gallardón. Los fieles de Rajoy se defienden diciendo que quien originó esa bronca fue Aznar. En efecto, en el 2003 el ex presidente hizo una arriesgada apuesta situando al entonces presidente de la Comunidad, Alberto Ruiz Gallardón, como candidato a alcalde. Y a Esperanza Aguirre, ex concejala del Ayuntamiento, como cabeza de lista a la Comunidad. El mito de que Gallardón arrastraba votos que no eran del PP auguraba su triunfo claro y el ocaso político de Aguirre. Pero, contra pronóstico, esta se hizo con la comunidad a la segunda, tras el escándalo del tamayazo, y desde allí se ha hecho fuerte hasta convertirse en la figura más carismática del partido.

Aguirre dio por hecho después -con acierto- que Rajoy optaría por Gallardón. E inició una guerra interna contra el alcalde sin precedentes en el PP, en la que no le importó tratar de llevarse por delante a Rajoy. Su empeño hizo mucho daño al líder del PP, hasta el punto de hacerle cometer el que tal vez haya sido hasta ahora su mayor error como político: pedir a Aguirre que abandonara el partido.

Ahora, el presidente del PP, y sobre todo sus nuevos asesores, ven al menos algo positivo en una crisis que claramente les perjudica en vísperas electorales. Acosada por las pruebas y las sospechas, Aguirre ha buscado el paraguas de la dirección de Génova en el escándalo. Y, sin mover un músculo, Rajoy y su joven equipo se lo han negado. Tratando el caso como si se tratara de un trifulca en el PP de Albacete, no han comprado la autoexculpación de Aguirre y sus intentos de desviar el tiro. El líder del PP ha encargado una investigación interna bajo su estricto control y ha advertido que rodarán cabezas «sea quien sea». Es decir, la de Aguirre si fuera el caso. En el equipo de la díscola presidenta madrileña advierten de que, si muere, morirá matando. Malas noticias para el PP en cualquier caso.