Tiene Francisco José Alcaraz Martos un carácter tan árido como el de la tierra que lo vio nacer hace 39 años, Torredonjimeno (Jaén). Una aspereza que ha destilado a raudales en su feroz rechazo a la política antiterrorista de Rodríguez Zapatero. Hasta el punto de que en muchos momentos de la legislatura ha hecho sombra a Mariano Rajoy como ariete de la oposición al Gobierno. Y lo ha hecho con una indiscutible persistencia.
La misma constancia que le ha hecho triunfar en la vida partiendo de la nada. Al acabar la enseñanza básica (EGB) se desplazó a Zaragoza para aprender peluquería y estética. Hoy tiene tres clínicas capilares en Jaén, Córdoba y Málaga. En la capital aragonesa convivió con su hermana y su cuñado, artificiero de la Guardia Civil, en la casa cuartel en la que, el 11 de diciembre de 1987, perdió a su hermano Ángel y a dos sobrinas en un atentado de ETA.
La acción terrorista marcó su vida. Unos años después empezó a colaborar con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, de la que fue elegido presidente el 12 de junio del 2004, solo un par de meses después de que Zapatero fuera investido presidente.
Solo medio años después y meses antes de que el Congreso habilitara al Gobierno para dialogar don ETA si abandonaba las armas, impulsó la primera manifestación contra la política antiterrorista del Gobierno. Después vendrían otras siete más, que jalonarían de obstáculos el denominado proceso de paz, en connivencia evidente con el PP.
Un activismo antigubernamental sin precedentes que provocó un cisma en el seno de las asociaciones de víctimas y que Alcaraz llevó al extremo con una serie de ataques personales a Zapatero, al que llegó a calificar de «embajador de ETA», lo que le valió una querella por injurias ante la Audiencia Nacional.