ZP o Rajoy necesitarán los penaltis

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

El empate técnico al que parecen abocados los resultados electorales invita a pelear cada voto en toda España y evidencia que el índice de participación será decisivo

27 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Ya casi nadie se atreve a apostar, salvo los que hacen propaganda. La sensación de empate técnico es creciente, y habrá que resolverlo a penaltis. Provincia a provincia, las cuentas salen aproximadas. O algo pasa en los cuarenta días que faltan para votar, o la noche electoral será de infarto garantizado.

Y lo que puede pasar, si de la economía depende, ya está pasando. El vicepresidente Pedro Solbes , un «motor diésel» como él mismo se define, cree que el PP hace catastrofismo ahora de esto. «Primero se rompía España y se entregaba Navarra, después se claudicaba ante ETA y ahora se hunde la economía. Nada de eso pasó, ni pasará. Tenemos recursos para resistir el temporal», afirma.

El efecto Pizarro ha dado rostro al posible gestor popular de la economía y confianza entre élites empresariales, aunque no sea un factor de arrastre de voto, salvo en Aragón. «Solo en Teruel -concede un socialista aragonés-, porque allí ganamos el segundo diputado en el 2004 por 200 votos, pero en Huesca el PSOE aguantará y en Zaragoza ganaremos el que perderá la Chunta Aragonesista sin Labordeta ». En Cataluña Pizarro no aporta, pero el PP subirá a costa de Esquerra Republicana, de uno a tres escaños, porque la Ley D' Hondt para asignar escaños tiene esos caprichos. Si sube más, CiU pagará la fiesta.

En Madrid seguiría ganando 17 a 16, aun con el fiasco Gallardón , lo mismo que en Valencia, aunque Pepe Blanco aspire a invertir ese resultado. Más trascendental es Andalucía, porque si Rajoy recuperara de dos a cuatro diputados, o más, computarían doble porque los perdería Zapatero . Por eso allí, y en Cataluña, sacarán a Felipe González en procesión. Hay que sacar a la Virgen para que llueva, se dice en la España rural.

El resto está muy peleado: los socialistas aspiran a ganar uno en Las Palmas con el ex ministro López Aguilar como candidato y otro, más difícil todavía, en Badajoz. Pero temen en todas partes una participación escasa. La noche aciaga para el PP del 14 de marzo del 2004, a Ana Botella le bastó conocer la participación en Cataluña para exclamar: «Hemos perdido». «Aquí en Lérida votaron aquel día hasta los okupas», describió el director del diario Segre , el pontevedrés Joan Cal . La abstención será la única pista seria que considerar en la noche electoral más difícil de la democracia, como se comienza intuir. Si se vota por debajo del 70%, la familia Zapatero y la familia Rajoy prepararán la mudanza, unos a Moncloa y otros de vuelta a León.

El caso gallego

La pugna tan dura entre los dos grandes complicará aún más la vida del resto. Es el caso de Anxo Quintana , del BNG, que el viernes compareció en Madrid, en el Ritz, dos años después de su última conferencia, con un discurso maduro y muy serio ante empresarios y periodistas y con la presencia de don Manuel Fraga Iribarne , al que llaman ahora los socialistas «la voz centrista del PP».

Clamó Quintana contra la invisibilidad de Galicia en el espacio de decisión de la política española, defendió la iniciativa del Banco de Terras contra el minifundismo y se quejó del «escándalo democrático permanente» que supone que voten en Galicia 300.000 residentes ausentes que no sirven para que las provincias gallegas tengan más diputados. «Estos votan, y a veces votan hasta algunos muertos, pero con los mismos diputados para Galicia, mientras que, por aumento de población, otras provincias ganan escaños, aunque a los inmigrantes no se les deje votar». No le falta razón.

Para el Vicepresidente de la Xunta, «se dispone de instrumentos para amortiguar la desaceleración» y criticó tanto «el anuncio de la apocalipsis económica sin datos que lo sustenten, como pregona el PP, como la política de brazos caídos de los otros».

Los nacionalistas aspiran todos a decidir quién gobierna, aunque esta vez, más de uno, y en especial Duran i Lleida , sueñen con un ministerio en compensación. Al fin y al cabo, como afirma Quintana, en Europa el setenta por ciento de los Gobiernos son de coalición. Y Europa va, aunque en algunos casos, como el italiano, de crisis en crisis. Aquí, de momento, vamos de empate.