Blázquez pide no culpar a «derechas o izquierdas» de asuntos pastorales

Rajoy dice no que no entiende el motivo de «tanto revuelo» por las declaraciones de los cardenales

J. V. Muñoz

El presidente de la Conferencia Episcopal rompió sus cinco días de silencio ante las críticas vertidas por un sector de los prelados a la política social del Gobierno. Ricardo Blázquez mostró un medido malestar con esos comentarios, si bien no lo hizo de forma explícita. El obispo de Bilbao reclamó ayer al clero que no culpe a «derechas o izquierdas» de las dificultades que atraviesa para ejercer su labor pastoral. Blázquez señaló en Barcelona, durante una reunión con sacerdotes de las diócesis de la capital catalana, San Feliu de Llobregat y Tarrasa, que los religiosos deben trabajar «sin echar las culpas» a una fuerza política de un signo u otro. Una alusión en apariencia neutra, pero que cinco días después de los ataques de los cardenales de Toledo, Madrid y Valencia a diferentes leyes impulsadas por el Gobierno socialista cobra un sentido explícito. El obispo bilbaíno no había dado hasta el momento su punto de vista acerca del asunto, y no por casualidad escogió Barcelona, diócesis que no se sumó al Encuentro de la Familia del pasado domingo en Madrid al igual que los demás obispos catalanes y vascos, para dar su parecer sobre la polémica. Blázquez, sin embargo, no fue más allá, de acuerdo con el comunicado que emitió el arzobispado de Barcelona. Consigna de silencio El líder de la oposición, en cambio, prefirió mantener a rajatabla la consigna de silencio ante las críticas de la jerarquía católica a la política social del Gobierno. Marino Rajoy solo dijo no comprender por qué se ha organizado «tanto revuelo» por «las opiniones» de los cardenales en la fiesta de la familia del pasado domingo. Rajoy retomó su actividad pública en Guadalajara tras las vacaciones navideñas, y evitó entrar en la polémica suscitada por las opiniones de los cardenales de Valencia, Madrid y Toledo en el Encuentro por la Familia. El presidente del PP soslayó los requerimientos formulados desde el PSOE para que diera su parecer sobre esos comentarios críticos y se limitó a apuntar que en ese encuentro «se expresó una opinión y el sentir de un núcleo de la sociedad», con el que se declaró «muy respetuoso». Señaló que, a su juicio, la jerarquía católica, como el resto de los ciudadanos, vive en «un mundo de libertad y democracia», y en ese marco «todo el mundo» puede expresar sus opiniones, que es «lo que hizo esta gente». Rajoy indicó que en lo personal su postura «ya es conocida», y es contraria a determinadas leyes como la de los matrimonios homosexuales. El Partido Popular tiene recurrida esta norma ante el Tribunal Constitucional, pero ordenó a sus alcaldes que no bloquearan su aplicación porque las leyes «están para cumplirlas», se dijo en su momento desde la dirección del partido opositor. El jefe de la oposición se negó también a precisar si, en caso de gobernar, derogará esa norma o la del aborto, ambas muy criticadas por la prelatura católica.

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