MADRID | A ocho meses de las elecciones generales, un pacto entre el PSN y los nacionalistas de Nafarroa Bai tendría un alto coste en las urnas. Los sondeos que se manejan en Ferraz no dejan lugar a dudas. Por eso la dirección del PSOE no quiere saber nada de un gobierno de coalición y rechaza de plano el órdago que le ha planteado Fernando Puras. Zapatero tiene las encuestas a favor y no está dispuesto a dar bazas al PP, que si se consumara el acuerdo volvería con toda seguridad a la carga diciendo que el Gobierno ha vendido Navarra a los nacionalistas e incluso a ETA. Un mensaje que, según se demostró en las pasadas municipales y autonómicas, cala mucho en algunas comunidades, sobre todo en Madrid. Zapatero viene aplicando la estrategia de su nuevo gurú, el lingüista estadounidense George Lakoff, que en su libro No pienses en un elefante recomienda no dejar a la oposición que fije los marcos del debate. Por tanto, no quiere que Navarra forme parte del mismo de cara a las elecciones.
El presidente ha logrado superar la ruptura del proceso de paz y está lanzado hacia la Moncloa tras derrotar a Rajoy en el debate sobre el estado de la nación. Y, además, no repara en gastos con cargo al Presupuesto para lograrlo. Así lo atestiguan el cheque bebé de 2.500 euros, las ayudas para reponer «todo lo perdido» en Canarias o la promesa del AVE Barcelona-Madrid para Navidades. Apagado el fuego canario, ahora se trata de hacer lo mismo con el navarro. Será José Blanco el policía malo que diga no a los compañeros navarros, lo que abrirá una crisis importante con el PSN. Mejor, piensan en Ferraz, es afrontarla y dejar gobernar en minoría a UPN, que tendría las manos atadas, que arriesgarse a perder las generales. La jugada maestra podría ser pactar con los nacionalistas una vez que Zapatero sea reelegido.