La Justicia no ha señalado aún a los culpables del socavón del Carmel

Consuelo Chaves CORRESPONSAL | BARCELONA

ESPAÑA

ESTHER TABOADA

Treinta meses después, la Generalitat reconoce que hay obras pendientes en 38 bloques Trece personas murieron y más de 1.200 tuvieron que ser realojadas en otros lugares

14 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

El socavón que provocó la obra del metro en el subsuelo se llevó por delante los edificios del barrio del Carmel. Más de 1.200 personas se quedaron sin hogar. Una madre mira como su hijo juega en las escasas infraestructuras que cubren hoy la zona cero del Carmel, a la espera de un plan más ambicioso. Hay una fecha que nunca olvidarán más de un millar de vecinos del barrio del Carmel en Barcelona, en su mayoría emigrantes de las décadas los sesenta y setenta: el 27 de enero del año 2005. A las 8.15 de la mañana, los gritos de la policía los sacaban de sus casas con lo puesto. Las obras de ampliación de la línea 5 de metro, que esperaban desde hacía años, habían provocado el derrumbamiento de un edificio y la aparición de un socavón de grandes dimensiones. Durante horas, los vecinos muertos de frío, indignados porque las grietas en sus casas anunciaban el desastre y lo habían denunciado hacía meses, deambularon por las calles del barrio en espera de una explicación y, sobre todo, de una solución. La primera respuesta oficial fue que había aparecido de forma súbita e inesperada una fractura en el terreno. Un total de 1.276 vecinos fueron alojados en hoteles y en casas de familiares con la promesa de que en pocos días ya estarían todos de vuelta en sus hogares. No sucedió así. Hasta noviembre de ese mismo año no pudieron regresar las primeras familias. Las últimas recibieron las llaves de su piso las pasadas navidades, 23 meses después. Los resultados de la comisión parlamentaria de investigación repartieron la culpa de lo sucedido: mala calidad de los materiales, no se controlaba la geología, la constructora hacía trabajos con nocturnidad y sin permiso, la dirección de obras veía deficiencias, pero jamás pidió la paralización y hubo negligencia en el seguimiento de los trabajos. Administraciones y empresas designadas y subcontratadas, todas, tenían su parte de culpa. Mientras el agujero se cubría con hormigón a marchas forzadas, las indemnizaciones trataron de apaciguar las protestas vecinales. La medida funcionó, ya que fueron escasos los particulares que denunciaron los perjuicios sufridos ante un juez.