Familiar y de suculenta sencillez

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: El Cucurucho del Mar Estamos en pleno centro de Madrid, junto a Callao, pero todo es aquí marinero, como si nos encontrásemos en la costa gallega, y la oferta gastronómica no defrauda

14 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Ellos, la familia Rocha, vivían muy felices como concesionarios del restaurante Maremagnum, en el Puerto Deportivo de Vigo, y la adorable Eva, hija creo que primogénita de Álvaro y Montse, y jefa de sala del restaurante, o si se prefiere marisquería ilustrada, me cuenta algunas de sus ensoñaciones juveniles en aquel lugar, abierto al Atlántico y con mamparas que eran medusas, ¡dichosas medusas!, caballitos de mar cabalgando sobre las paredes y vidrieras con peces de colores. Todo esto terminó cuando los socios decidieron hacer una piscina a costa del restaurante. Los Rocha se vinieron a Madrid, abrieron hace diez años el Terramundi en la calle Lope de Vega, que subsiste, y hace siete este Cucurucho del Mar (Postigo de San Martín, 6, tno. 915 220 895), que duplica y hasta triplica mesas a diario en temporada alta. Eva puede seguir soñando con la mar (como Alfonsina, pero en vivo y coleando) contemplando la decoración naif del comedor, a base de estrellas y conchas. Mas dejémonos de ensoñaciones y recuperemos la praxis: El Cucurucho es un negocio estrictamente familiar, con la madre Montse, ¡una santa! en la cocina, de la que salen elaboraciones domésticas que nos sitúan al borde del lagrimón, el padre fundador Álvaro omnipresente, y lidiando con proveedores y similares, Eva, ya hemos quedado, Álvaro Jr. en la barra... Cuarenta plazas sentadas para cuarenta privilegiados y alegrías sin fin, mezcladas con sorpresas mayúsculas, como la que me deparó a mí anteayer el "menú casero del día", renovado cotidianamente y con dos primeros a elegir, cogollos de Tudela con anchoas o espaguetis rehogados con langostinos (los pedí, y estaban para chuparse los dedos), lenguados a la plancha o codillo a la gallega como opciones y tarta de manzana, tarta de filloas con crema o chocolate, brownie, melón, helado, vino Ribeira Sacra blanco, tinto o rosado, cerveza o agua, IVA incluido, por sólo, ¡tachán!, 11 euros. Bizco me quedé. La carta-carta ofrece muchas alternativas de hacer la boca agua, desde la sopa de marisco al surtido de empanadas caseras, el revuelto de ortigas de Lugo y setas, la ventresca de atún con pimientos asados o, entre otras muchas tentaciones, un pulpo de Bueu a la gallega perfectamente respetable y potable, tras las frustraciones del pulpo «a la moderna» que he relatado recientemente. Y prodigioso el capítulo de mariscos, con unas riquísimas zamburiñas de Cangas, unas impecables ostras de Arcade, percebes, cigalas, almejas grandes de Carril... un tesoro. Hay mariscadas para dos personas por 35 euros, mariscadas para cuatro por 65, mariscadas para pantagrueles de tres pisos o los que haga falta, para llevar (el famoso take-off de los modernos), puf. Y, hablando de take-off, esta cristianísima familia elabora también home-made orujos, cremas de orujo, de mirabeles, de mandarina china, e igualmente para dar, tomar o llevar. La carta de vinos, por contra, es más bien cortita, con un Terras Gauda, que tomamos, un Godello Guitián y siete opciones más. Pero salí muy bien.