Por más que se empeñen los políticos que nos hielan el corazón en revivir la imagen de las dos Españas, es evidente que la ciudadanía no es eso lo que quiere. Y lo demuestra aportando la serenidad que falta a buena parte de los dirigentes. El mundo económico, particularmente, destaca en el rechazo al clima que propicia el mundo político. No hay reunión de empresarios y financieros en la que no se lamente el delicado momento que este país atraviesa, a pesar de que las circunstancias económicas son realmente favorables. Acaba marzo, declarado el Mes del Emprendedor, y en todas las autonomías se han celebrado jornadas para incentivar la creación de empresas con gran afluencia de jóvenes, especialmente: tres mil inscritos en Granada y Barcelona, dos mil en Santiago, Zaragoza, Valencia y Las Palmas, etcétera. Con ellos, empresarios consagrados explicando su experiencia, profesores, consultores... Es otra España ciertamente, la que trabaja a pesar de todo, la que crea las condiciones de un futuro económico esperanzador, no tenida en cuenta por el debate político enquistado en torno a De Juana y Otegi. Pues no se ha escuchado todavía una sola referencia, una palabrita de ánimo a todo ese movimiento emprendedor, que proceda de Zapatero o de Rajoy, o de sus más inmediatos colaboradores. Los unos, ansiosos por divisar un charco para poder pisarlo y los otros atentos a rasgarse la vestiduras para dramatizar que esto se hunde y que hay dos Españas. No exageraba ayer en México, Felipe González al lamentarse: «Parece que estamos en un debate político prebélico». Y cuando se baja a la economía, es para que los socialistas, como en el caso de la opa a Endesa, se enfunden la camiseta italiana de Enel y los populares la alemana de E.On. El caso es mantener el enfrentamiento. Que vamos a peor en esta degradación parece probado. Ya no es la tensión entre poder político y judicial, o entre distintos medios de comunicación como la Cope y el ABC , sumados al enfrentamiento entre socialistas y populares. Es más: ahora la bronca anda entre magistrados y fiscales, al menos en la Audiencia Nacional a propósito de Otegi o el conflicto estalla en esa decisión del PP de boicotear periodísticamente al grupo Prisa, llamando a ciudadanos, anunciantes y a otros empresarios a practicarlo. Es un salto cualitativo porque Federico Jiménez Losantos llamaba a los suscriptores del ABC a darse de baja, pero ahora se comunica el boicot, especialmente, a los poderes económicos. Intención antidemocrática Es verdad que Polanco, en la junta de accionistas de Prisa, que a fin y al cabo es su casa, habló con su rotundidad habitual y dijo cosas que han indignado a Rajoy. Estima el PP que en esas declaraciones «se le imputan comportamientos, actuaciones e intenciones abiertamente antidemocráticas». Aunque no se cite en el comunicado quizá haya irritado especialmente esa disposición de Polanco a apoyar con sus medios un partido de derechas laico dispuesto a jugar a la alternancia política pero respetando las reglas del juego. El editor llegó a decir que «hay quien desea volver a la Guerra Civil». «Acabamos de ver una manifestación pública que es el franquismo puro y duro», dijo. ¿Queda algo más en esta escalada?, se pregunta sobre todo la gente joven que no vivió la crispación contra el Gobierno socialista del 93 al 96 promovida por Aznar y por una conspiración periodística, descubierta y descrita detalladamente por Luis María Anson , tras haber participado en ella. ¿Cabe algo peor que lo que vivimos? Bueno, durante la mayoría absoluta de Aznar, hubo un serio intento de meter a Jesús de Polanco y a Juan Luis Cebrián en la cárcel, prohibiéndoles la salida de España. La operación, dirigida desde una secretaría de Estado, terminó con la condena, por prevaricación, del magistrado Javier Gómez de Liaño y con la indemnización impuesta por la UE al Gobierno por perjuicios económicos a Sogecable en la persecución a la que se le sometió. Son datos contrastados. Mientras todo esto sucede en la alterada España política, las cosas andan bien en la económica. Hay quien sostiene que esta bronca en la política en medio de una crisis económica, derivaría en un enfrentamiento de gravedad incontrolada. Y desde luego la ciudadanía, en su mayor parte y no sólo el empresariado, reclama en cuanto tiene ocasión un poco de cordura, porque empieza a tener miedo. Hace tres días en Madrid y mientras grupos radicales de derecha se manifestaban ante la Fiscalía General del Estado, seiscientas personas se reunían con el teniente general Sabino Fernández Campo , ex jefe de la Casa Real. Allí estaba su sucesor, Fernando Almansa , y el actual, Alberto Aza . Asistieron Fraga, Calvo Sotelo, Carrillo, Sánchez Asiaín, ex ministros de UCD, PSOE y PP y representaciones de todos los partidos parlamentarios incluido el PNV. Sabino, que fue siempre leal al Rey, quien le envió un carta que leyó emocionado, tomó la palabra para decir algunas de las pocas cosas sensatas que se han escuchado esta semana: «Resucitar lo olvidado puede despertar odios antiguos y reabrir viejas heridas que deberían estar cicatrizadas». Y acabó elogiando la transición: «Fue un momento delicado, en el que los españoles supimos dar ejemplo de sensatez, unión y consenso». Qué tiempos aquellos.