En el gran teatro político que sin duda es Madrid se ha estrenado esta semana la obra dramática del 11 de marzo. Confluyen en escena varios guiones: el principal, el juicio contra los autores de la masacre, el primer gran atentado del islamismo radical en Europa; la fabulación encadenada al drama sobre una supuesta coalición islámico-etarra que ha tenido varios entremeses: el de la mochila-bomba azul, el del ácido bórico, el cuento de los tres peritos, etcétera. Todavía siguen los guionistas exhibiendo creatividad y a buen seguro que guardan algún golpe de efecto. Menos mal que el presidente del tribunal, Gómez Bermúdez , aparenta una rectitud que reconcilia a la ciudadanía con la Justicia, tan caprichosa últimamente. La virtud para el Gobierno, y también para la oposición, es que por lo menos les han retirado los micrófonos por unos días, aunque salgan puntualmente a defenderse o a decir cosas sorprendentes como Rajoy : pidió que el gabinete actual explique la misión de unos policías españoles en Guantánamo enviados en época de Aznar . «Me parece una declaración extraordinaria», ha ironizado Pérez Rubalcaba . Macrojuicio, por tanto, en Madrid, acción de los fiscales por las costas persiguiendo la corrupción urbanística -caza menor, de momento, en Andraitx (Mallorca), Mogán y Telde (Gran Canaria) y Gondomar (Pontevedra)- y maquinarias electorales echando humo. No en vano estamos a cien días de las elecciones municipales y autonómicas en 13 de las 17 comunidades. Será la mejor encuesta, sin duda, de lo que puede pasar en marzo del 2008 cuando Zapatero y Rajoy se disputen la Moncloa. Ese es el premio gordo para el que se trabaja durante cuatro años arrasando sin piedad lo que haga falta. «La diferencia entre Estados Unidos y España, más allá de lo que ya sabemos, es que allí las instituciones son fuertes y aquí, más tiernas todavía, tratan de ser demolidas por los políticos en beneficio propio», señala muy preocupado a La Voz un alto directivo de una de las principales empresas del país. Habla con la inquietud que se recoge entre los empresarios más sensibilizados ante el enfrentamiento político entre Gobierno y oposición. Y concluye de forma contundente: «Si se empeñan en desacreditarlo todo, desde el Gobierno al Congreso y desde la Justicia a las fuerzas de seguridad, al final a este país, sólido, sólido, solo le queda Telefónica, el Santander y El Corte Inglés. No veo otros puntos de referencia claros». Es la desazón de una ciudadanía que creen merecer políticos de otro fuste con sentido del Estado, capaces de continuar políticas sin altibajos excesivos, por ejemplo, en política exterior, cada vez que se produce la deseable alternancia gubernamental. Aquí el asunto es muy difícil porque Aznar se echó en brazos de Georges Bush hasta el punto de meternos en la guerra de Irak, y Zapatero, además de sacarnos de la guerra, que eso se lo premió la gente en las encuestas, anda un tanto a la deriva sin acabar de definirse. Hay que decir, no obstante, en honor a la verdad, que la propuesta de la Alianza de Civilizaciones que aquí produce hasta casi hilaridad, la manejan esperanzados como concepto algunos países. Que se lo pregunten a la última misión del Congreso de los Diputados en Turquía. Durán Lleida , Txiqui Benegas , Isaura Navarro y la diputada popular Beatriz Rodríguez Salmones se miraban asombrados en Ankara al escuchar en todas las reuniones, al más alto nivel, referencias elogiosas a la propuesta de Zapatero. Estaríamos, si acaso, en lo de siempre: que lo más difícil es que te crean en casa. Y, ciertamente, Zapatero no triunfa demasiado en casa, salvo en las encuestas de Pepe Blanco que le siguen dando bien, aunque quizás menos bien que antes. La cúpula socialista cree que la adhesión de Rajoy a los postulados de Zaplana y Acebes le va a pasar factura, mientras que la dirección del PP trabaja ya con la hipótesis de la victoria el año próximo, aunque con la incógnita dramática de las alianzas. Esa frase de «nuestra soledad es nuestra fortaleza», dicha la pasada semana en el PP, podría llevar incorporado un subtítulo tal como «nuestra soledad es también nuestro drama». Porque lo que importa es sumar 176 diputados, la mitad más uno, y hoy por hoy ni populares ni socialistas la alcanzarían. Por eso son tan importantes las elecciones de mayo: para adivinar qué pueden hacer un año después los tres o cuatro diputados de Coalición Canaria y la decena de Convergencia i Unió. El resto pueden sumar o abstenerse, pero la izquierda sólo puede apoyar a Zapatero y en la derecha apenas queda nada fuera del PP. Ese es el cuadro y el pequeño margen disponible. En Canarias no repetirá Adán Martín, aunque se empeñó en ello hasta el final y el candidato de Coalición será Paulino Rivero , un maestro de escuela, que fue alcalde de su pueblo y presidió la Comisión del 11-M en el Congreso con dignidad. Se las verá con el ex ministro de Justicia López Aguilar y con el «doble de Aznar», en el físico y en la ideología, José Manuel Soria . Son tres candidatos para un sillón en el que la decisión la tomarán dos. Y ya se sabe que en Canarias, las elecciones comienzan justo cuando se proclaman los resultados de las urnas. El asunto puede resultar lejano, pero en la alianza resultante del 28-M a dos mil kilómetros de Madrid, quizás esté la clave del Gobierno de España para los próximos años.