Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Mar de Alborán Adolfo Conocí el Mar de Alborán desde sus orígenes y me pareció un hito gastronómico en la «wilderness» de Benalmádena: tras mi reciente visita, sigo fiel a aquella opinión
09 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.El último fin de semana de octubre, con amenaza de lluvias que luego se resolverían en rutilante sol, un grupito de periodistas de Madrid, Oviedo, Barcelona, el País Vasco y Galicia disfrutamos de un movido asueto en Málaga, Benalmádena y Ronda invitados por diversas personas e instituciones. Entre las primeras destacaban, con rostro, nombre y apellidos José Ignacio Aguilar, propietario y director general de Hotel Alay, todo un clásico en la Costa, que nos alojó, y Adolfo Jaime, dueño y fundador del restaurante que ostenta su nombre de pila en el paseo marítimo de la capital malagueña. Adolfo es todo un personaje, con enjundia de veterano actor shakesperiano, y antes de establecerse aquí hizo su carrera profesional en Suiza, Francia, Zurich, etc. La asociación, el pasado mayo, de José Ignacio Aguirre y su hotel, y Adolfo Jaime y su restaurante, dio lugar a la creación del nuevo-viejo Mar de Alborán-Adolfo (Avenida Alay, 3, Benalmádena Costa, tno. 952 446 427): el objetivo del viaje periodístico consistía en conocerlo o re-conocerlo. Las primeras alegrías sápidas nos llegaron de manos del propio Adolfo en su restaurante capitalino. Qué cigalas, señoras y señores, qué gambas blancas... y qué falta de espacio para contar el resto del menú. Con la andorga repleta nos dejamos conducir, muy dóciles, al Museo Picasso de Málaga, ubicado en el hermoso Palacio de Buenavista, y hasta tuvimos el privilegio de contemplar la exposición Musas y Modelos . Qué hombre, qué genio, qué toro Picasso qué envidia: allá estaban, ante nuestros ojos pecadores, todas sus barragas-ninfas egerias, desde Fernande Olivier, a Jacqueline Roque, y entre medias Eva, Olga, Marie-Thérèse y Dora, «la mujer que llora...», un buen baño cultural, el arte y la evocación de aquel fauno. Pero vayamos a lo que íbamos: En el luminoso y a veces medio inetéreo Mar de Alborán se habían venido desarrollando a lo largo de la semana unas Jornadas Gastronómicas con grandes nombres tras los fogones, y a nosotros nos correspondía, aquel viernes 27 de octubre, degustar la cena preparada por «la casa», a saber, el líder Adolfo y su discípulo Lorenzo Fontaine, jefe de cocina residente. Muy sutil, la verdad, comenzando por el delicioso cartuchín o cucurucho de fritura, tan sabrosa y crispy ... No desmerecerían los riñoncitos al jerez, la brocheta de hígado de rape al orégano o el kikoman de gambas y boletus, ni, pasando a mayores, la ensalada de vierias y gambas de Málaga, el tartar de atún toro, la suprema de rape en dos salsas, el solomillo de venado o el mus de chocolate a las espinacas, galleta de naranja y semifrío de chirimoya con gelatina de menta... nada menos. El espacio sigue apremiando, pero resultaría injusto ignorar la cena de la segunda noche en El Embarcadero, patrocinada por el Ayuntamiento de Benalmádena: qué marisco, qué fritura. Sobraron cigalas y de todo, como en las bodas gallegas de aldea...