Crónica política
28 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Si se eligiera la frase de la semana, sin duda, en esta que termina habría ganado la que ha abierto cualquier conversación en el mundo político y de los negocios: «Oye, antes de hablar de lo nuestro, ¿tú entiendes eso de Miguel Sebastián para la alcaldía de Madrid». Realmente Zapatero desconcertó a todos, desde la oposición a su propio partido, y quién sabe si hasta al mismísimo Sebastián. ¿Por qué prescindió de un colaborador tan destacado en Moncloa que, en principio, no parece idóneo para el desafío electoral? Se supone -los designios del presidente son inescrutables y no sólo en la asignatura terrorista- que para cortar de raíz el creciente pitorreo sobre la candidatura socialista al primer ayuntamiento de España. Después del vodevil de Pepe Bono , con tintes de venganza fría, el asunto estaba a punto de caer en manos de los humoristas. Ya circulaban a la firma manifiestos de mujeres pidiendo a Zapatero que no prescindiera de la vicepresidenta De la Vega para mandarla al martirio -aunque el final pudiera ser glorioso- frente a Ruiz Gallardón , el mejor candidato del PP para todo, aunque tenga la desgracia de que en su partido no lo quieran. «Hemos perdido a un gran interlocutor», se lamentaban a este periódico altos directivos bancarios y empresariales. Alguno de ellos, que ya van descubriendo que Zapatero tiene muy poco de Bambi, como erróneamente lo apodó Alfonso Guerra , sospechan que acaso quiso quitárselo de encima después de algunas operaciones fallidas atribuidas al poderoso asesor económico de Moncloa, léase el asalto de Sacyr al BBVA, la opa de Gas Natural sobre Endesa, etcétera. Pero en esa línea de especulación maquiavélica, cabría otra hipótesis más plausible: ZP soltó el desconcertante nombre del candidato en su peor semana de gestión del proceso de paz para distraer informativamente del pequeño fiasco en el Parlamento Europeo donde su propuesta ganó por la mínima y casi recibe una desautorización. Es discutible si era el momento de llevar el asunto ETA a Estrasburgo, pero es inadmisible que no se preparara bien, lo que se percibió como una frivolidad. Tampoco la oposición ha triunfado y en el seno del Partido Popular Europeo no se felicita precisamente al PP por oponerse tan frontalmente en una cuestión de Estado como ésta. Entre Gobierno y oposición han enviado a Europa el peor mensaje de España desde hace muchos años. Precisamente a una Europa que no sale de su asombro sobre nuestra fortaleza económica y sobre las avanzadas reformas sociales y que leyó este verano un artículo de The Economist titulado Viva Zapatero : «Era tan elogioso el artículo, en una publicación tan conservadora -comenta a La Voz el profesor Juan Quintas , presidente de la CECA- que yo al principio pensé que era una ironía». Pero no lo era, y hasta acababa recomendando a Washington que recompusiera relaciones con Madrid porque podía recibir una buena colaboración en sus negociaciones con los países más difíciles de América Latina. El caso es que Miguel Sebastián está en parrilla electoral, se dará a conocer, hará «cursos de madrileñismo», como dice un periódico, y tratará de llevar el debate municipal sobre el endeudamiento espectacular de Madrid para afrontar las faraónicas obras de Ruiz Gallardón, que, sin embargo, transformarán la capital. A Fernando González Urbaneja , presidente de los periodistas españoles, la operación no le parece tan descabellada: «Madrid es una ciudad que se ha hecho más conservadora porque el precio de la vivienda ha expulsado a los jóvenes. Un candidato que viene de la banca y que no tiene carné socialista puede recoger el voto de castigo de una parte de la derecha contra el actual alcalde». Urbaneja incluso sostiene que tras un acto del PSOE sobre el programa económico, Zapatero le pidió opinión sobre Sebastián: «Me ha sorprendido su tono mitinero». Desde luego, como a Zapatero le salga bien la jugada, y Ruiz Gallardón pierda la alcaldía -a él se le exige mayoría absoluta, lo que hace la batalla desigual- se le encumbrará por su ojo clínico. Aunque, en la jugada, más bien puede perder un ojo. Entretanto, en Cataluña se juega el final de la primera vuelta electoral. El miércoles por la noche, al cerrar las urnas comenzará la segunda: la formación de gobierno. Mas sigue delante según las encuestas, pero nadie sabe si el cinturón de Barcelona decidirá al final bajar a votar al cordobés Montilla , tan poco dotado para el cartel electoral. Pero aún puede gobernar. Atentos.