Entrevista | Paula Vega Lorenzo Responsable de actividades de la Casa de Galicia en Madrid Desde su puesto en la delegación de la Xunta, conoce de primera mano todas las actividades que realizan sus coterráneos en el ámbito económico-empresarial
10 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.a vida da muchas vueltas y los planes de futuro que uno se marca firmemente pueden irse al traste en un abrir y cerrar de ojos, en un segundo. Así le ocurrió a Paula Vega Lorenzo que, a pesar de ser gallega de pura cepa, abandonó su tierra natal por amor. No obstante, su trabajo como coordinadora de actividades económico-empresariales en la Casa de Galicia de Madrid hace que siempre tenga muy presente sus orígenes. - Es gallega por los cuatros costados. -Sí, somos de la zona de Verín (Ourense), aunque nunca llegué a vivir allí. Me crié y estudié Derecho en Santiago de Compostela, ciudad que abandoné cuando conocí a mi marido, que es madrileño. - Se trasladó entonces por amor. -Sí. En esos planes un poco factibles que sueles hacer en relación con tu futuro, nunca me planteé salir de allí. Pero así es la vida, me casé con un madrileño y nos instalamos aquí. Preparé las oposiciones y me vine con la primera promoción de funcionarios de la Xunta, en febrero del 93. La Casa de Galicia se inauguró unos meses antes, en octubre del 92, por lo que asistimos a su nacimiento y evolución. - ¿Tuvo problemas en adaptarse a las peculiaridades de esta ciudad? - Tenía aquí unos tíos, por lo que no me era muy desconocida. Era un sitio bastante familiar, no lo conocía en su totalidad, aunque no me resultaba extraño. Venía muy ilusionada, hice borrón y cuenta nueva, rompí con todo. Sí que fue como un punto y aparte con respecto a todo lo anterior, sin embargo, no me costó adaptarme. - ¿Se ha arrepentido alguna vez? -No. Pero lo curioso es que, al cabo de unos años, sí que me resultó más duro estar aquí. Supongo que por la madurez que otorga el paso de los años, he ido reflexionando y analizando todo. Ahora sí que me pesa más, mis padres están en Santiago y me noto como más alejada de ellos. Madrid ha cambiado mucho, e incluso los propios madrileños empiezan a ver los inconvenientes de vivir en una gran ciudad. - ¿Se plantea regresar? -Ya me he establecido, y parece un poco inamovible. Tengo dos hijos que son madrileños, pero ahora es cuando pienso lo bien que se vivía en Santiago. Sobre todo me ha ocurrido esto al tener hijos, cuando tengo que pensar en la familia en vez de en mí misma. Veo la infancia que tienen ellos y la que tuve yo, mucha más libre, y me da pena. - Sin embargo, Santiago de Compostela también ha cambiado. -Claro, pero no de la misma manera. Madrid es una ciudad grande, se hace muy dura la vida aquí. No tienes tiempo para nada, pasas muchas horas en transportes por los atascos. Está claro que tienes muchas posibilidades, pero pierdes el tiempo esperando, porque todo está muy masificado. He intentado hacer una vida de barrio para que me cunda más el día. De todas formas, no me arrepiento de estar aquí, aunque echo mucho de menos Galicia. - Continúa muy vinculada a su tierra, gracias a su trabajo. -Estoy en contacto con muchos gallegos, no se sabe si es para bien o para mal, ya que siempre te gusta estar al día de lo que ocurre allí y no perder el contacto. No obstante, también te da más morriña, anhelas estar en Galicia. - ¿En qué consiste su trabajo en la delegación de la Xunta en la capital? -Me dedico a las actividades económico-empresariales, todo aquello que no es cultura. Presentaciones de empresas, actividades institucionales y lo relacionado con lo social. También me ocupo de la biblioteca, que funciona como centro de documentación.