Entrevista | Fernando González González «Gonzo» Vive en Madrid desde hace año y medio, donde es uno de los reporteros de «Caiga quien caiga», y sostiene que el programa le ha «curado la decepción de la profesión»
13 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.No es actor, sino periodista, y afirma con rotundidad que su trabajo en uno de los programas más irreverentes de la parrilla televisiva, Caiga quien caiga, le ha «curado la decepción de la profesión», a la que llegó, además, por la vía de la más pura vocación. Fernando González, más conocido como Gonzo, frisa la treintena, y confiesa sin rubor que hecha de menos Galicia. «Nací en Vigo y Madrid sólo me gusta para venir de turista, aunque mi situación es privilegiada», comenta, para definirse después como «un tío normal». Desaparecida su vocación primera de ser periodista deportivo -se dio cuenta de que no había deportes, sino fútbol-, se ha entregado ahora a su otra pasión, la política, pero sin someterse al corsé de lo «correcto». «La posibilidad de ir a un político y decirle que está haciendo mal las cosas es fantastica, hace que te sientas satisfecho», subraya. -Si tuviera que definirse, ¿qué diría? -Pues que soy un chico de Vigo. Un tío normal, de un barrio de Vigo, de una familia normal, que estudió periodismo, que trabajaba en Galicia, como cualquiera que acabó la carerra, y que al final me salió esto, lo del Caiga quien caiga, y acabé en Madrid. -¿Lo suyo por la profesión fue un flechazo? -Sí. Hice periodismo en Salamanca y era vocacional. Me gustaba el periodismo deportivo, pero en primero de carrera descarté hacerlo porque no es deporte lo que cubren los medios, es sólo fútbol, y eso no me interesaba. Curiosidades de la vida, me gustaban la radio y la política. La televisión no. Me interesaba contar lo que de verdad pasa, y no lo que nos dicen que pasa. Al final acabé en Radio Nacional y allí hay que decir lo que te dicen que digas. Me tocó la llegada al Gobierno de Aznar, el Prestige... Y ahí me di cuenta de que había que acatar normas. -Tuvo que se duro para su idealismo militante... ¿Le decepcionó la profesión? -Sí. Fue francamente desilusionante. Supongo que le pasa lo mismo a todo el mundo que llega al periodismo y se da cuenta de que no hay forma de decir nada más allá del discurso oficial. No somos más que transmisores oficiales. -Pero su actividad actual demuestra que no todo está perdido. ¿Qué me cuenta de CQC? -Que satisface mi vocación por todos los lados. Me incorporé al programa por estar en el sitio oportuno en el momento adecuado. Una amiga me comentó que les faltaba un reportero que fuera periodista. Al principio pensé que me venía grande, pero reflexioné y me dije que no perdía nada por intentarlo. Mandé un vídeo y me encontré firmando el contrato. CQC ha curado mi decepción de la profesión. Poder decirle a un político que está haciendo mal las cosas es fantástico, hace que te sientas satisfecho. Eso sólo te lo da este programa, de momento, al menos. Puedes protestar a nivel personal, pero si estás en un medio y criticas a un político, es posible que levante el teléfono y tú acabes en la calle. -Su sección es de protesta, ¿no? -Sí. La sección que estamos haciendo es de protesta. Es la parte del periodismo que yo siempre he entendido que debía hacerse, contar la parte de la realidad que no se está haciendo bien.