«El mundo del teatro ejerce una gran influencia en mi obra»

Marina de Miguel LA VOZ | MADRID

ESPAÑA

JUAN LÁZARO

Entrevista | Juan Ángel Fernández Vázquez El artista compostelano, artífice de la escultura de bronce de Severo Ochoa que hay Getafe, está organizando una exposición retrospectiva para el próximo junio

07 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La ventura de Juan Ángel Fernández Vázquez se forjó gracias a un duro trabajo y al coraje de afrontar nuevos retos. Como numerosos gallegos coetáneos, este escultor abandonó su ciudad natal, Santiago de Compostela, para probar suerte en otra ciudad, Madrid, y en otro país, Alemania. En junio presentará en Getafe una exposición retrospectiva, en la que estará acompañado por las fotografías de su hijo Juanjo. - Su periplo comienza en Santiago de Compostela, cuna del Xacobeo. -Efectivamente. En los años cuarenta, cuado tenía alrededor de doce años, no había mucho por hacer. Todo se limitaba a ciertos oficios, como el mueble fino, la talla en madera, la escultura o la pintura de los santos. Tuve la suerte de encontrar un gran maestro, el compostelano Liste, quizá el mejor en talla, que hacía unos quijotes muy atrevidos. Por mediación de mi abuela, me cogió de chiquillo y empecé a trabajar con él. Posteriormente, quise aprender la escultura en piedra, así que intenté trabajar en el taller del prestigioso Asorey, que desgraciadamente está muy olvidado en Galicia. Sin embargo, no me cogió de aprendiz. Ante este rechazo, continué dando tumbos y probando suerte en otros cursos, como la talla de azabaches o marfiles. - En ese divagar, Madrid se vislumbró como la siguiente parada. -Al final no encontré nada interesante y decidí venir a la capital. Antes, mandé cartas a diferentes establecimientos para ir sobreseguro. Una vez aquí, fui a un comercio que había en la plaza de España, donde me cogieron una virgencita muy estilizada, que vendí de una patada. Empecé a trabajar para diferentes anticuarios, pero éstos te explotan tanto como quieren. Es un mundo lleno de historias. Por tal motivo, hice como todos los gallegos: me fui a Alemania sin contrato. - Totalmente a la aventura, ¿verdad? -Sí, igual que hicieron muchos. En Munich encontré trabajo en el taller de Mateos Bayer, con el que trabé una gran amistad, que sigo manteniendo con sus hijas. - ¿Considera que ser tan emprendedores es una faceta de los gallegos? -Los gallegos son viajeros y emprendedores por naturaleza. Además de para ganar más dinero y tener una vida mejor, al viajar me interesaba tener relación con otras culturas, no sólo formar clubes propios. En esa etapa encontré trabajo en el Teatro Nacional de la Ópera, que estaba arruinado por la guerra. Entré de calefactor, poniendo carbón, pero aprovechaba para ver los ensayos de los grandes cantantes como Karajan. Cuando arreglaron el teatro, ascendí a responsable de la escenografía, fue como estar en el paraíso. El mundo del teatro ejerce una gran influencia en mi obra.