Miguel Arias es todo un gran hombre del deporte, los viajes y la hostelería. Nacido en el Puerto de Navacerrada, donde su abuelo Eleuterio había abierto el Hotel Arias a principios del siglo XX, con un padre y unos tíos campeones de esquí y él mismo campeón juvenil de Castilla a los 14 años, estudió en la Escuela de Hostelería de Madrid, licenciándose más tarde en Empresariales y abriendo por fin, con un año de diferencia, su restaurante Las Cuatro Estaciones, decano de una serie de establecimientos suyos, y la Agencia Ski Arias Travel. Apenas despuntado el 2006 invitaba a sus amistades a celebrar el Jubileo de su casa madre y «ser felices allí» a lo largo del año, y yo no sólo he activado su amable oferta hace unas noches, sino que fui feliz como un conejo para no defraudar al mecenas. Coadyuvantes a mi felicidad fueron unas espléndidas ostras belon con las que iniciábamos la cena, el espléndido tartar de atún que, en mi caso, vendría a continuación, y un magnífico foie de pato a las uvas, plato paradigmático del restaurante, recomendado para el Aniversario. El vitalicio sumiller Jerónimo cambió el Emilio Moro que yo había pedido por un augusto Malleolus... ¡wow!