La controversia suscitada por la Ley del Tabaco y Hostelería, y su repercusión mediática, alcanzaron tal virulencia durante el período navideño que incluso nos hicieron olvidarnos, me temo que provisionalmente, del dichoso Estatut, ¡loado sea el Señor!. Indignación por parte de los fumadores compulsivos, propósito de enmienda de los tibios, indisimulada euforia a cargo de los benditos santos inocentes (léase no fumadores) y desconcierto, angustia e indecisión para la mayoría de los hosteleros marcaron la pauta de «estas fiestas tan entrañables». Mientras sus colegas plañían, retorciéndose las manos, hubo un buen señor, un «justo», Santiago Domínguez, fundador y propietario de los restaurantes Santiago y Ruperto de Nola de Marbella, que aprovechó noviembre, el mes de cierre vacacional, para adaptar sus comedores, meticulosamente y desde luego sin reparar en gastos, a la polémica Ley 28/2005. No contento con tal hazaña, abrió las puertas de Santiago el 1 de diciembre, con su mejor sonrisa y sin despeinarse, aplicando ya las nuevas regulaciones. Lo más curioso es que el público aceptó su decisión sin rechistar. «Lo he querido hacer antes para ver los resultados», comentó.