Novedades variopintas para otoño

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Teatriz, etc Siguen y siguen las inauguraciones de restaurantes, y los empresarios avezados agudizan su ingenio buscando inéditos atractivos para ese público que tanto les quiere

06 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Aquí en Madrid nunca pasa nada (aparte de todo lo que pasa, que es una barbaridad), de modo que el otoño comienza en los ámbitos gastronómicos tan trepidante como lo fueron la primavera e incluso el verano. Y hay que moverse, hermano, no vaya a ser que la competencia arrase. Así que el restaurante Teatriz (Hermosilla, 15, Madrid, tno. 915 775 379), antiguo y entrañable Teatro Beatriz, reconvertido hace años bajo la égida de Philippe Starck y otros genios de la modernidad, incorpora a su carta una serie de recetas chocolateras, por ejemplo el foie de pato caramelizado con chocolate amargo 99% y pera al balsámico, o las vieiras crujientes con tagliatelle de cacao, macha de chocolate 70% y pimienta de Sicuani, larguísima de enumeración, regadas, si al cliente le parece bien, con vinos como el Yellow Tail Syrah, el Fagus del Campo de Borja o el oporto Taylor de 10 años. La marca de chocolate utilizado para estas elaboraciones es nada menos que Lindt & Sprüngli, «maestro chocolatero suizo desde 1845», y durante el tiempo que dure esta promoción, de octubre a diciembre, la distinguida clientela recibirá a su llegada un obsequio, naturalmente chocolatoso. Pídase, lector, no sea tímido, una tableta de negro extrafino con trocitos de naranja y almendras. A mí me lo ha hecho llegar la gentil damisela Marisa Pérez, (a) Judy Garland, y puedo anticiparles que es... como la Pastoral de Beethoven. Como sin duda sabe el lector y no digamos la lectora, con su cultura enciclopédica, Kabuki (Presidente Carmona, 2, Madrid, tno. 914 176 415) fue y es el teatro japonés tradicional, donde allá por el s. XVI ya se comía y bebía a mansalva durante las larguísimas representaciones. Nombre que tiene por tanto su miga y le viene como anillo al dedo a este restaurante, considerado por más de uno y más de dos como el mejor japonés de Madrid, siempre repleto y con una terraza que a su vez se atiborra en tiempos de bonanza climatológica. Y su líder carismático Ricardo Sanz, expertísimo en la elección, manipulación, corte y hasta confección de pescados crudos y frescos, incrementa este otoño su oferta de ¡carnes! Yo, solo en casa el otro día como el ex niño Macaulay Culkin, o como quiera que se llame el condenado, me bajé a almorzar tardíamente cual príncipe de sangre real en la terraza, sosegada por la hora y todavía con temperatura balsámica. Pues bien, Ricardito me envió desde su mostrador del pim-pam-pum un sashimi de salmonete, presentado «a lo dinastía Ming», seguido de un pez mantequilla con cohorte de paté de trufa blanca, y luego aparecieron ya las carnes en lomitos de dos en dos, como vinieron al mundo y con sólo un casi imperceptible aliño de aceite de oliva virgen y sal Maldon. Pertenecían al buey Wagyu de Nueva Zelanda, equivalente del ancestral kobe del Japón, y, en deliciosa mélange , el reno, el vacuno del Valle del Esla, el secreto ibérico, el emú y el alce. Quite exciting!