Los que no se retiraron de Irak

Mateo Balín MADRID

ESPAÑA

Reportaje | La privatización de la guerra Una treintena de antiguos miembros de las fuerzas de seguridad se han quedado como mercenarios. Otros son escoltas del País Vasco que temen perder su empleo si llega la paz

21 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

El 21 de mayo del 2004 se completó la retirada del último contingente de militares españoles desplazados a Irak. Durante el mes que duró la evacuación, 1.300 soldados abandonaron de forma escalonada el acuartelamiento donde el Ejército permaneció nueve meses, una decisión que generó aireadas críticas de los países aliados en la aventura invasora. Pero el repliegue no supuso el fin de la presencia española en territorio iraquí. Funcionarios, empresarios y cooperantes continuaron con sus quehaceres a pesar de la creciente violencia. También lo hicieron, bajo estricto secreto, decenas de españoles que prestan servicios privados de seguridad desde la toma de Bagdad, hace ahora más de dos años. El número exacto se desconoce; toda la información que rodea esta actividad se digiere en círculos cerrados. Según la Asociación Española de Escoltas, en Irak trabajan en la actualidad unos treinta españoles. Las labores que prestan atienden a las necesidades básicas de seguridad que demanda el país: desde la escolta de miembros de instituciones públicas y privadas, labores mixtas de información y protección, vigilancia de oleoductos o depósitos energéticos, hasta operaciones de contraterrorismo puro y duro, es decir, batirse con el enemigo en primera línea de frente. Móvil económico La alta cualificación que exige este trabajo explica la procedencia de cada uno de ellos. Son ex militares, antiguos policías o guardias civiles, o meros mercenarios profesionales. Y más allá de la dosis aventurera que les inspira, el principal móvil que les mueve es el dinero: hasta 1.000 euros al día según el riesgo que entrañe el trabajo. «Todos coincidimos en que no es lo mismo escoltar a un alto cargo del Ministerio de Petróleo que participar en un grupo de asalto que trabaja codo con codo con el Ejército estadounidense en operaciones especiales contra la insurgencia, donde la posibilidad de salir con vida se reduce de forma significativa», afirma el director de la revista militar War Heat , Fernando Cuen. Sin olvidar la falta de transparencia informativa en Irak, el Ministerio del Interior de aquel país cifró recientemente en 50.000 los empleados de empresas que realizan labores privadas de seguridad. De ellos, entre 12.000 y 20.000 serían extranjeros y el resto iraquíes, muchos de ellos antiguos policías que han pasado de vigilar un café o un colegio durante el régimen de Sadam Husein a proteger una embajada armados hasta los dientes. Muchos intermediarios La Asociación Española de Escoltas gestiona los contratos entre las personas que demandan viajar a territorio iraquí con las empresas que ofertan plazas para ejercer labores de seguridad. Estos trámites, largos y llenos de intereses, encierran trabas de intermediarios y otras suspicacias que acaban por abortar las operaciones. Eso es lo que le ocurrió al presidente de ASES, José Vicente de la Cruz, en un reciente visita a Irak. «Viajé para negociar con empresas nacionales, pero me encontré con ofertas económicamente impresentables, los intermediarios nos ofrecían hasta un 50% menos del salario que cobra normalmente un agente», cuenta. El periplo iraquí de De la Cruz tenía como objetivo negociar los contratos de algunos de los doscientos escoltas españoles preparados y seleccionados por la propia asociación el pasado noviembre. En un alto porcentaje son personas que desarrollan sus servicios en el País Vasco y que temen perder su trabajo ante la caída de la actividad de ETA. Pero de momento tendrán que esperar. Tras más de seis meses de negociaciones, las posturas siguen enfrentadas y la situación bloqueada hasta que surjan nuevas y fiables ofertas que lleven a más españoles a suelo iraquí.