El Carmel pide más soluciones y menos polémicas

Gemma Bastida BARCELONA

ESPAÑA

ALBERT OLIVE

Crónica | La indignación de los vecinos Hoy se cumple un mes del derrumbe. Los vecinos, hartos de vivir en la provisionalidad y de que su caso sea usado políticamente, hicieron oír su voz

26 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Varios centenares de vecinos del Carmel cortaron ayer la Ronda de Dalt de Barcelona, a la altura del Velódromo de Horta, para exigir a las administraciones y a la clase política que centre sus esfuerzos en aportar soluciones a los problemas del barrio y no en polémicas políticas. Esta acción de protesta se produjo después de que centenares de vecinos iniciaran una manifestación, al margen de la asociación de vecinos del barrio, por las calles del Carmel en demanda de una solución a los problemas de la zona, afectada por desprendimientos de tierra producidos hace hoy un mes a consecuencia de las obras de la línea 5 del metro. Según los manifestantes, la protesta, que ha partido desde el centro de jóvenes Boca Nord y durante la cual se han coreado lemas en contra de los políticos catalanes, ha congregado a un millar de personas, mientras que la Guardia Urbana no facilitó cifras. Un mes de desesperación Casi un millar de vecinos del Carmel vive desde hace un mes entre la angustia, el desespero y la ansiedad que produce haber tenido que dejar sus viviendas y rehacer sus vidas temporalmente en habitaciones de hoteles, lejos del calor de su hogares. En el hotel Atenas, en la avenida Meridiana, se aloja el mayor número de afectados, entre ellos Ana Cañadas, que junto a su marido y su hija procura mantener la actividad que hasta el pasado mes de enero llevaba en su piso del Carmel, situado en el número 37-45 de la calle Sigüenza. Desde ese fatídico día, la habitación 714 de este hotel de cuatro estrellas se ha convertido en su nuevo hogar. Ana, no obstante, explica que el proceso de adaptación no ha sido fácil, a pesar del buen trato recibido por parte del personal del hotel, que ya es «casi como de la familia». Y es que Ana, como muchos de los afectados, sufre desde entonces ataques de ansiedad, depresión, insomnio y, sobre todo, una gran sensación de inseguridad. «Llevo noches sin dormir y estoy con antidepresivos, con nervios y ansiedad», asegura esta vecina de 37 años, que no quiere volver a su edificio porque tiene «miedo de que se derrumbe». La vida en el hotel ha obligado a estos vecinos a modificar por completo su actividad. En los hoteles, el espacio vital de las familias se ha reducido a una habitación y un baño, en las que a menudo resulta difícil encontrar intimidad y tranquilidad.