El invierno se anuncia crispado

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Crónica política

23 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

La salida de los diputados del hemiciclo en dos columnas distintas -populares por un lado y socialistas y el resto por otro- era, el jueves, la tarjeta postal de lo que se nos viene encima: un invierno políticamente crispado. Hubo hasta algún cruce de palabras. Y los presentes admitirán que las dos columnas humanas rugían como un motor que anuncia avería. Algunos comentaristas, como Rosa Paz en La Vanguardia , sostienen ya que «el PP ha decidido que reinstaurar un clima de crispación perjudica al Gobierno». Apoya su análisis con una recuperación de epítetos de los que manejan Acebes y Zaplana , preferentemente, para poner en práctica la consigna de crispar: «miserable», «linchamiento», etc. No hay constancia de que esa decisión se haya tomado, pero sí evidencia que, en la práctica, vamos por ese camino. Al final se verá si la crispación perjudica a Zapatero o a quienes la fomentan. Que la conspiración politico-mediática, que el propio Luis María Ansón confirmó en su día, perjudicara a Felipe González , no es garantía de que erosione a Zapatero. Sin duda, es éste un presidente con suerte, al menos hasta ahora. Tanta suerte tiene -iba de perdedor al Congreso del PSOE y lo ganó, iba de perdedor al 14-M y ganó etc.- que hasta puede contagiar a Kerry y hacer que Bush pierda pese al inestimable apoyo de las papeletas mariposa de Florida que le dieron la presidencia en el empate final de hace cuatro años. Bronco debate Y no se ve venir la crispación solo por el bronco debate a propósito del accidente del Yak-52. La desafortunada historia, sin duda, sirvió a Bono para convertirse en reina por un día de los telediarios, independientemente de que los familiares de los militares fallecidos merezcan, al menos, una reparación parlamentaria. Pero también a Zaplana le vino bien la ocasión, en su caso, para desenterrar los GAL, un lamentable episodio de los gobiernos de Felipe González hace trece años. Trece años después, culpar al Gobierno Zapatero de eso parece, además de una injusticia, una clamorosa falta de recursos. Y no es casualidad porque ya habló Aznar de los GAL en el reciente Congreso de los populares. Estrategias de la crispación Quizás deberían revisar el cálculo los estrategas de la crispación porque el país no está a día de hoy cansado de los socialistas como hace una década, sino hastiado de la arrogancia de la última mayoría absoluta. De otra parte, la crispación de momento ha hecho mella más que en el Gobierno en el interior de los populares: ¿cómo puede decir Esperanza Aguirre a la prensa eso de que «le he dicho a Alberto Ruiz Gallardón que calladito estaría mejor»? El episodio de la crisis de Madrid, Galicia, Extremadura, antes Valencia, etcétera hace que la imagen actual de los populares, a la que contribuye la actuación parlamentaria, sea más de la de un grupo bronquista que la de un grupo responsable con posibilidades de gobernar. Entretanto, Mariano Rajoy, que de largo es el más listo de los suyos, no se deja contaminar por esa deriva crispadora. Una vez más, en el episodio del accidente aéreo de los militares, mantuvo el tipo. Cierto que llamó «ruin» a Bono en defensa de los suyos, que no tenían defensa posible, pero solo le llamó «ruin». El resto fue esa magnífica ironía suya: «Ya que a Bono le gusta tanto hablar de religión, hoy le ha faltado piedad, caridad y misericordia». El episodio prueba de nuevo dos cosas: que el aparato del PP, que Rajoy ha heredado en su mayoría de Aznar, quiere relanzar la crispación para cohesionar a sus electores y frenar la curva ascendente de popularidad de Zapatero; y también Rajoy tiene otro estilo y parece que le falta libertad para imponerlo. Debería haber renovado a fondo la dirección del PP y lo hizo solo superficialmente. Se quedó con Acebes, Zaplana, Trillo , Aragonés y otras joyas de la corona y así es muy difícil imponer un estilo distinto. Es más: el riesgo es que ese aparato imponga su estrategia que, por lo que se ve, viene siendo la de «crispa que algo queda», no solo existe, sino que marca la política del día a día. Así las cosas, el calendario invernal viene cargado de acontecimientos: la comparecencia de Aznar en la Comisión del 11-M que nadie la desea más que él y nadie la teme más que Rajoy; la Conferencia de Presidentes de autonomía donde la gran incógnita es comprobar la asistencia de Ibarretxe ya que la tensión con el PP se desactiva con la entrevista previa Zapatero-Rajoy; el inicio del año electoral 2005 con cita en las urnas en Euskadi y Galicia; y antes, el 20 de Febrero, el referéndum sobre la Constitución Europea que no era necesario convocar pero que Zapatero se impuso -y nos impuso- como reto para demostrar que en Europa «somos los primeros». Con todos esos acontecimientos previstos, desde hoy hasta el próximo 11 de marzo, la crispación, si se quiere introducir, cabe pero su éxito es dudoso porque Zapatero ha demostrado recursos ilimitados para tranquilizar a sus interlocutores y al país. Debe ser así personalmente porque otro, en sus circunstancias, ya habría cesado a más de una ministra por anunciar hoy lo que deberá rectificar mañana. Quizás habría que concluir que la erosión vía crispación se produce solo cuando el objetivo está en decadencia y no en estado de gracia como parece ser, de momento y hasta que se le acabe, el actual Gobierno.