Gallardón o la «negra sombra»

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Crónica política

09 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Que después del agotamiento de un líder los partidos pasen una época de desconcierto y tensiones internas es normal. Sucedió en el PSOE tras la salida de Felipe González y en el PP tras la retirada de Fraga de la política nacional. Pero despachar la crisis actual del PP en Madrid, Galicia, Valencia, Extremadura, etc. con esa explicación constituiría un gravísimo error de apreciación, porque alguna de esas tensiones regionales del post aznarismo esconden operaciones de gran calado que afectan al liderazgo máximo del partido, al actual y al que venga. En Galicia es así porque la sucesión de Fraga -será el único político a suceder dos veces, en Madrid y en Santiago- ha abierto una batalla que puede dañar seriamente al nuevo presidente del PP Mariano Rajoy . Daño interno y, peor aún, externo, porque si como consecuencia de todo el conflicto un popular -Fraga o quien sea- no preside Galicia dentro de un año, el vuelo presidencial de Rajoy no es descartable que sufra un aterrizaje forzoso. Y por supuesto también en Madrid. No se discute tanto quién será el nuevo presidente regional del PP -si Esperanza Aguirre o el gallardonista Manuel Cobo - como el arrinconamiento de Alberto Ruiz-Gallardón , probablemente el mejor valor electoral cara al futuro. La cruda batalla madrileña está siendo conducida por la dirección nacional con el objetivo de acabar con la «negra sombra» que el joven alcalde madrileño supone para cualquier aspirante a suceder a Mariano Rajoy, después o incluso antes de las próximas elecciones generales. Aunque el secretario general, Ángel Acebes , se presente como neutral alegando que «cuando se llega tan lejos es conveniente saber qué apoyos tiene cada quien», es de dominio público que se reunió con Aguirre para preparar su candidatura. Esperanza lo ha contado para que trascienda el mensaje de que ella es la apuesta de la dirección nacional. ¿También de Rajoy que encargó a Gallardón el discurso de la autocrítica en el reciente congreso popular? Habrá que creer que sí, para no pensar que Acebes va por su cuenta en el intento de arrinconar a Ruiz Gallardón, que aún sería peor. Quien sí está jugando a neutral disgustada por esa pelea interna -«no reconozco a mi partido en esas formas»- es la concejala Ana Botella , que a diferencia de la mayoría de dirigentes significados no se decanta. Alguna persona próxima afirma que Ana está personalmente cada vez más próxima a las posiciones de Ruiz-Gallardón, pero su comportamiento público ante el conflicto es impecable. El alcalde de Madrid no quiere ceder posiciones y necesita que su candidato obtenga un buen resultado para demostrar que sí tiene fuerza en el partido. Le vale, aunque no lo diga, perder por poco. Pero si gana, que no es del todo descartable, la recién estrenada dirección nacional del PP quedará bastante perjudicada. Una dirección que, de momento, respira formas antiguas. Un ejemplo: la semana pasada, al entrar el secretario general Ángel Acebes en el Senado, los parlamentarios populares le recibieron en pie con una ovación. Un senador, que se levantó a aplaudir para no quedar mal con el resto, comentaba a La Voz su incomodidad con esas formas de culto. Rajoy, formalmente fuera de la pelea a diferencia de Acebes, ha anunciado que invitará a Gallardón a los «maitines» -las reuniones de análisis de los lunes- con otras siete u ocho personas. Está bien el gesto para compensar la persecución que su propio secretario general anima contra el alcalde de Madrid. Pero no es suficiente para él: Ruiz-Gallardón, de mayor, quiere ser presidente del Gobierno, y acepta, porque no tiene más remedio, que Rajoy le haya pasado delante en la opción. Pero quiere ser el sucesor del sucesor. Y tiene todas las posibilidades salvo que Rodrigo Rato vuelva de Washington o que los aznaristas que controlan el PP lo hayan despedazado antes. Y a eso se aplican. Tregua a Zapatero Con estos frentes abiertos, el PP concede al gobierno Zapatero un período de gracia para que se asiente y no se noten tanto sus errores, que no son pocos, especialmente los anuncios precipitados de medidas que después hay que retirar y las declaraciones desafortunadas. Maragall ha venido a decir que con Aznar y su militancia pro americana los franceses no hubieran detenido al etarra Antza . Ha tenido que salir Solbes a desmentirlo. Son cosas de Maragall que, sin embargo, asistirá al desfile militar de la Hispanidad, en contra de la opinión de sus socios del tripartito. No se sabe si se trataba de la detención de Antza, pero una gran operación contra ETA estaba preparada para la noche del viernes 12 de marzo, cuando se iniciaba la jornada de reflexión. Distintas fuentes consultadas estiman que algunos altos cargos de la Seguridad del Estado cercanos al PP querían despedir así al presidente Aznar. Nadie lo confirma rotundamente. Era un oportuno regalo con incidencia electoral, sin duda favorable a Rajoy. Pero la masacre en los trenes del 11-M lo desbarató todo. Lo cierto es que los mandos policiales se ocuparon de lo urgente y los etarras, que no sabían por donde venía aquello, se movieron de las posiciones supuestamente localizadas a escondites de emergencia. Ha tenido que pasar medio año para reorganizar un operativo como el que ha dado sus frutos ahora. Bienvenido sea, esté quien esté en el Gobierno.