Julieta Venegas da el «sí, quiero»

La Voz

ESPAÑA

Madrid, Madrid, Madrid La artista mexicana acompaña a Alejandro Sanz en su gira por los escenarios españoles

17 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«Hasta las niñas fresa -pija en argot mexicano- me piden que no me vuelva fresa». Así de rotunda se muestra Julieta Venegas. La cantante mexicana recorre estos días nuestro país como telonera de Alejandro Sanz. El mes pasado actuó junto a Mojo Project en el Conde Duque, en un concierto celebrado con motivo de la lucha contra la violencia de género. Y es que la mexicana no renuncia a hacer música con mensaje en pos de vender más discos. El inesperado éxito de su tercer álbum, Sí, en el que ha evolucionado desde la escena underground mexicana hasta un sonido más luminoso, caracterizado por la fusión entre pop, rock, reegae y hip-hop, la ha elevado a las listas de los más vendidos en nuestro país. Muy popular en México, La compositora, que ha contado con la colaboración del argentino Coti en su último álbum, considera que el público español, al que define como «abierto y de muy buena onda», la ha tratado «muy bien». La cantante se siente afortunada «ante la oportunidad de trabajar con un artista como Alejandro Sanz», con el que cree que forma «una combinación realmente buena». En la portada de Sí, Venegas aparece vestida de novia sobre un fondo de color rosa, porque pretende dar el «sí, quiero» a «todo lo que pasa, a la alegría, a la vida hecha a base de accidentes y coincidencias». Este nuevo disco se diferencia de los anteriores, Aquí y Bueninvento, en que es «más básico en cuanto a la letra y la estructura» y está «compuesto desde la armonía». El álbum habla «del amor, de la búsqueda de una persona con la que compartir la vida, con un tono siempre alegre». La cantante, menuda y atractiva, ha recibido el premio Nuestro Rock por el mejor disco revelación en 1997, y el MTV Latino por su interpretación en el vídeo Como sé. Este año está nominada al Grammy Latino por Andar conmigo, como mejor grabación y como mejor canción, categoría en la que compite con su compañero de gira Alejandro Sanz, una «chistosa casualidad». El coreógrafo Salvador Távora y su compañía La Cuadra de Sevilla regresan a la capital después de una ausencia de seis años para ofrecer su último espectáculo, Imágenes andaluzas para Carmina Burana, con el que pretende «reanudar el diálogo con el público madrileño», un camino que «tenía casi perdido, sin saber realmente por qué». Todos los madrileños podrán ser testigo del reencuentro a partir de mañana jueves y hasta el domingo en La Muralla Árabe. El ballet, calificado por el coreógrafo andaluz como un «espectáculo de emociones», forma parte de la programación de los Veranos de la Villa. El artista explicó ayer que en la obra se armonizan diferentes expresiones artísticas, pero siempre evitando la fusión total. La propuesta escénica es «arte por encima de todo», «un logro musical y teatral del cual puede surgir un nuevo modelo de ópera», señaló. El fundador de la Cuadra de Sevilla considera que la asociación entre aburrimiento y teatro no le hace ningún bien a este arte, y es por este motivo por el que lleva trabajando 35 años para compaginar el arte en estado puro con el entretenimiento, una tarea compleja. Para acercar el teatro en el sentido más puro al público, el coreógrafo intenta «ir más allá de la palabra para explicar lo que piensa nuestro espíritu». El Círculo de Bellas Artes ofrece una vertiente poco conocida de la obra del genio malagueño con una exposición que recoge las piezas de cerámica más representativas realizadas por el artista. La muestra recoge cuarenta figuras, procedentes de la Colección Serra y del Es Baluard Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma de Mallorca. Está compuesta de platos, fuentes, jarras, azulejos, vasijas y cántaros. La exposición estará abierta al público en las salas del emblemático museo madrileño hasta el 12 de septiembre. La afición de Picasso por el barro se inició en 1946, cuando visita la exposición anual de los alfareros en Valauris, desde su residencia veraniega de Golfe-Juan. Suzanne y Georges Ramié le recibieron en su taller y el pintor, estimulado, terminó el día probando su habilidad con el barro. Un año más tarde, el malagueño decidió explorar el mundo de la cerámica. Tuvo que experimentar con la calidad de la arcilla, el punto de plasticidad o la temperatura del horno para saciar su nueva inquietud artística. En su madurez, entre 1947 y 1954, se dedicó intensamente a la cerámica. Las nuevas posibilidades de expresión del barro enriquecieron su obra.