Resulta que España no iba bien

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

03 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

A base de escuchar constantemente que «España va bien», tanto como para «estar a punto de entrar en el G-8», el grupo de países industriales más poderosos de la Tierra casi nos lo creímos. La confusión venía favorecida porque las afirmaciones del entonces presidente Aznar , repicadas por la mayor orquesta mediática jamás conocida, se apoyaban en una evidente mejoría de la situación económica perceptible para la mayoría de la población. Rato hizo un buen trabajo continuando lo iniciado por Solbes . Sólo se escuchaba a los acomodados sindicatos advertir de que el empleo creado era precario en su mayor parte. Pero poco más. Los socialistas bastante trabajo tenían con desenredar el caso Tamayo y contener a José Bono que pugnaba por hacerse con el liderazgo que Zapatero le arrebató en el Congreso de hace cuatro años. Y, entretanto, los nacionalistas ocupados en lo suyo, que suele ser asignatura única. Bofetón de realismo El bofetón de realismo nos lo hemos llevado al comprobar que algunos países de los que se han incorporado a la Unión Europea en mayo nos adelantan en estadísticas muy significativas, en particular en la más importante para el futuro inmediato: el grado de incorporación a la Sociedad de la Información. No debíamos ir tan bien cuando Eslovenia, Estonia y Lituania, que vienen del Este y del frío, nos pasan por delante en esa clasificación. Y cuando Polonia, entre otros países, invierten más presupuesto en educación secundaria y formación profesional que España. Así que del casi perpetuo puesto número trece de los socios de la Unión en esa clasificación, -sólo por delante de Grecia y Portugal y menos mal que el fútbol computa en otra columna-, hemos pasado directamente al decimosexto porque eslovenos, estonios y lituanos nos han adelantado claramente. Y detrás divisamos a otros con el intermitente puesto. En este país sólo barremos en penetración de teléfonos móviles con casi el 90%. Pero en ordenadores no llegamos al 40% y en banda ancha -sumando la ancha del cable y la medioancha del ADSL-, al 15%. Tecnologías «Lo cierto es que sigue habiendo una distancia entre tener ordenadores en las empresas y usarlos con todas sus posibilidades», comenta a La Voz la presidenta de IBM, Amparo Moraleda . The Economist le da la razón: las empresas españolas andan en el puesto 31 en incorporación y uso de ordenadores. O sea que lo del «inminente ingreso en el G-8» queda más bien como una figura literaria a mayor gloria del propagandista que la inventó. Ha sido en Santiago esta semana en un congreso sobre tecnologías de la información para Administraciones Públicas, donde su retrato realista ha podido recomponerse con la participación de expertos, líderes de la informática y los nuevos responsables gubernamentales de la materia. «La economía española no ha invertido lo suficiente: estamos por debajo del 50% del stock de capital tecnológico. Hemos perdido el tiempo pero aún se puede recuperar», advertía el profesor Emilio Ontiveros , presidente de Analistas Financieros Internacionales. Para Ontiveros, catedrático de Economía de la Empresa en la UAM, es imprescindible «una política económica inteligente capaz de crear empleo pero también de crecer en productividad». De no ser así conviviremos con todos los fantasmas de deslocalización industrial que nos acechan, especialmente a Cataluña porque es la más industrial de las comunidades españolas. Aunque Maragall , Carod , Duran y compañía sigan hablando de otras urgencias. Y qué decir de la burocracia. «El ciudadano debe dejar de ser el porteador de información de unas ventanillas a otras sólo porque no conectamos los ordenadores entre las distintas administraciones», decía Domingo Laborda , nuevo director general en el Ministerio de Administraciones Públicas. Bendito sea su análisis porque eso es lo que pasa: los ordenadores de unas administraciones y otras no hablan entre ellos, incluso cuando los responsables políticos son del mismo partido y por eso en cada cola se piden papeles bastante similares o incluso los mismos, repetidos. No hay constancia de que con el gasto en informática, la Administración haya reducido el número de funcionarios, ni tampoco que se haya disparado en productividad. Y menos que se cumplan las recomendaciones de la Cumbre de Lisboa en el 2004: que las Administraciones Públicas se conviertan en el motor europeo de desarrollo tecnológico, dado que las empresas son bastante remisas a afrontar ese desafío histórico. Distinta música La impresión obtenida en ese importante encuentro -bianual organizado por EICISA- es que estamos en una mala situación, en contra de lo que predicaban. Pero también que suena una música distinta. Conviene que sea así y que el nuevo Gobierno no caiga en la misma tentación, la de vender que estamos en el grupo de cabeza mientras sólo encabezamos la cola. nuevo director de la materia en Industria ha prometido «no poner primeras piedras sino últimas» y dejar claros cuáles son los indicadores de por dónde vamos, y que digan, a ser posible, cosas distintas como las que ahora se descubren: que de cada cien patentes que en Europa se registran sólo una corresponde a un residente en España. No contaban esas cosas.