El PNV contra Aznar vivía mejor

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

15 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Así que el Rey le dio la palabra a Zapatero en la inauguración del Fórum 2004, el auditórium lo recibió con una cálida ovación que se hizo más intensa e interminable cuando concluyó su discurso. Había que ver las caras de incomodidad de Carod Rovira , por ejemplo, o de Artur Mas y Piqué . Barcelona, una plaza siempre difícil para cualquier presidente de Gobierno español, le abrió los brazos. Era una auditórium con tres mil personas muy seleccionadas. Cierto que había mucho alcalde socialista pero también el empresariado catalán en pleno, periodistas destacados y altos ejecutivos de empresas patrocinadoras como Telefónica y Endesa. «Esos aún aplaudían más, por la cuenta que les trae», se bromeaba por allí al paso de Cesar Alierta , por ejemplo. «A mi lado estaba Ruiz Gallardón y aplaudía cortésmente en todo momento», comentaba a La Voz el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín . Sin duda, Zapatero disfruta de un plus de aplausos inicial que contrasta con la tensión que suscitaba su antecesor. Pero no solo en Barcelona se ve eso. La Voz ha encuestado a diversos exponentes empresariales esta semana y sorprende el crédito de confianza que se concede al nuevo Gobierno. «De Solbes ya conocíamos su solvencia -señala el primer ejecutivo de una de las cuatro eléctricas- pero el ministro Montilla nos parece, por el momento, hombre prudente y eficaz. Ojalá salga adelante porque tiene casi toda la economía del país en sus manos». Cierto, porque menos los bancos y la SEPI que responden al vicepresidente Solbes, y las constructoras a Magdalena Álvarez , Montilla gestiona seis carteras en su mano: Telecomunicaciones, Energía, Turismo, Comercio, Industria (hasta las pymes que antes estaban en Economía) y Sociedad de la Información. «Y no quiere dejar la secretaria general de los socialistas catalanes», murmura, agobiado, su director de Gabinete. El más preocupado es Pasqual Maragall porque no quiere perder la dedicación a Montilla a Cataluña, donde ha ejercido de bombero para sacarlo de todos los líos de Carod Rovira desde que se formó el tripartito. En la importante convención anual de Java, organizada por Sun Microsystems, se escuchaban opiniones empresariales coincidentes con ese crédito al nuevo Gobierno. El momento cumbre se produjo cuando un empresario confesó en la mesa: «Yo tuve un alto cargo con Aznar en la primera legislatura y nunca lo hubiera tenido en la segunda. Eran dos mundos distintos». Le pedimos permiso para citarlo por su nombre pero nos rogó no identificarlo. Ese Aznar inicial y el Aznar del bienio negro final - huelga general, boda de la hija en El Escorial, Prestige , guerra de Irak, nombramiento digital del sucesor...- parecen inspirar la división actual del Partido Popular: Mariano Rajoy es del primer Aznar, Eduardo Zaplana del segundo. Quizás Acebes , de tan aznariano, es de los dos al mismo tiempo. Rajoy es el hombre capaz de llegar a acuerdos, como acaba de hacer con el delicado Pacto Antiterrorista, o de proponer a Zapatero un cara a cara negociador sobre asuntos de Estado como la reforma de la Constitución y los estatutos de autonomía. Y capaz de exhibir su calidad democrática como la noche de su derrota. Con un PP convencido de su éxito y enfurecido por los resultados , lo más probable hubiera sido una comparecencia deslegitimando la victoria socialista. Como en 1993 cuando un Aznar despechado envió a Javier Arenas ante los medios a hablar de algo parecido a un «pucherazo». Todavía hay quien sostiene en el PP una tesis similar a cuenta de la revuelta de los móviles. Esos dos PP se cruzan miradas desafiantes en las Cortes donde Zaplana acaba siempre haciendo más declaraciones y ocupando más papel prensa y micrófono que el propio Rajoy que es el líder. Hay nervios por esa tensión, acentuada por la desfavorable intención de voto que le augura el CIS, aunque también el CIS en febrero le daba al PP seis puntos de ventaja y el día antes de los atentados ya perdía por uno. En ese escenario, que «puede terminar con Rajoy laminado al día siguiente de las europeas», según el ex alto cargo citado anteriormente, la percepción a corta distancia es la de un Zaplana envalentonado y un Rajoy tranquilo fumándose un puro, literal y metafóricamente. En medio queda Mayor Oreja concentrado en hacer un digno papel el 13-J para recuperar alguna opción en el congreso popular en el que se refundará el PP de la época postaznariana. «Tendrían que encontrar un joven tipo Zapatero que a lo mejor ahora no tenemos en mente», es la tesis de los empresarios que creen que hay socialistas para rato si no se tuercen. Conceden alguna opción al actual alcalde de Madrid pero le suponen muy enfrentado con su partido. De momento, nacionalistas y gentes del PP observan con preocupación que, superadas las turbulencias iniciales - alguna incontinencia declarativa y la temida mancheguización del poder al alcance de Bono -, Zapatero va asentándose. Como lo hace con el discurso de la «España plura» que tanto se le aplaudió en Barcelona, los nacionalistas pierden el otro extremo del arco voltaico que Aznar representaba y que tanta gloria electoral les propició. De ahí que el PNV esté soliviantado porque Zapatero dialoga -visita de Jordi Sevilla a Ibarretxe- pero no cede. E impugna la lista pro-Batasuna. Sin duda, los nacionalistas están al borde de declarar: «Contra Aznar vivíamos mejor».