Controlar todo, misión imposible

La Voz LA VOZ | REDACCIÓN

ESPAÑA

CHEMA MOYA

Reportaje | La seguridad en los trenes de cercanías Unas 270 personas cogiendo el tren sin un minuto que perder. Pese al esfuerzo de los vigilantes, pasar de luchar contra los graffiteros a combatir a terroristas es una locura

11 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Los vagones llevan «unas setenta personas sentadas y otras 200 de pie» y «dada la cantidad de trabajadores y estudiantes (muchos ausentes ayer por la huelga) que sobre las ocho de la mañana llenan los cercanías, Renfe solicita servicios de refuerzo a su empresa de seguridad para poder cerrar las puertas de los trenes». Rafael Machuca, ex vigilante de seguridad de los cercanías de Madrid, definió así la situación en un día laboral normal en la estación de Atocha. El que fuera trabajador de la compañía de ferrocarriles aseguró ayer que «los viajeros se apiñan, los vagones están masificados». En medio de esa vorágine de gente, no muy distinta a la de cualquier otra gran ciudad en hora punta, resulta totalmente imposible controlar los bultos que portan los pasajeros. Uno de los empleados del servicio de cercanías, que prefiere no ser identificado, explicó que los sistemas de seguridad incluyen cámaras de los accesos a las estaciones e incluso «dentro de los andenes en los puntos más importantes». Estos dispositivos podrían servir para arrojar luz acerca de la autoría del atentado, pero no son útiles para evitar ataques como el de ayer. Los equipos de seguridad los componen personal de la propia compañía, que tiene un área específica dedicada a la seguridad. «El protocolo que seguimos es muy amplio e incluye todo tipo de medidas. Si se diera a conocer, la gente se daría cuenta de que poco más se puede hacer, pero la empresa prefiere no difundirlo, por motivos lógicos de seguridad», explicaba otro de los encargados de la vigilancia en Renfe. Hasta ahora, el principal problema para los encargados de mantener el orden en los trenes de cercanías era «la lucha contra los graffiteros, viajeros sin billetes y delincuencia, en general», como señalaba el delegado del área de Seguridad en Madrid, Joaquín Ruano, en un reciente reportaje. La preparación de los vigilantes para un golpe salvaje e indiscriminado como el de ayer no estaba prevista, ya que resulta muy difícil revisar uno por uno a los viajeros que cada día acceden a las estaciones. «Hacer en las estaciones de tren algo como lo que se hace en los aeropuertos sería una locura. El número de pasajeros es muchísimo más alto y, además, van con el tiempo justo, sobre todo en el servicio de cercanías. Es impensable inspeccionar cada maleta», reflexionaba uno de los empleados de la compañía. Pese a ser conscientes de las dificultades que hay que salvar para mejorar el control, la dirección de seguridad de Renfe, compuesta por responsables de distintas regiones, se reunió ayer en Madrid, a las pocas horas del atentado, para analizar los posibles fallos en el dispositivo y estudiar mejoras para aplicar de inmediato. Va a ser difícil encontrar un sistema válido, si ni siquiera el gran despliegue policial registrado en la capital de España pudo parar el golpe.