Reportaje | Trabajadores en fin de año Mientras los demás celebran el Año Nuevo, unos pocos tienen que hacer guardia en sus lugares de trabajo
28 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Son casi las doce de la noche del día 31 de diciembre. Alrededor de la tele, arremolinados frente al reloj de la Puerta del Sol, rodeados de una parentela numerosa o en la intimidad del núcleo familiar, millones de españoles aguardan, uvas en ristre, a que termine el año. Es uno de los pocos momentos en los que una misma cosa, el ritual de las campanadas, aglutina la atención de la toda la población... o casi toda. Y es que, mientras los demás se abracen para dar la bienvenida al 2004, unos pocos tendrán que pasar la Nochevieja en sus lugares de trabajo. Bomberos, médicos, policías, teleoperadores, camareros o periodistas son algunas de las profesiones en las que alguien tiene que ocuparse de este turno y tomarse las uvas al pie del cañón. Hay quien, como Maribel Tejada, médico residente de la Fundación Jiménez Díaz, lo califica rotundamente de «faena» y quien, como Pachi Poncela, encargado de realizar el programa de fin de año de la cadena SER, se lo toma con resignación: «Después de tantos años, se lo debía a la radio». Una noche agotadora Esta noche puede ser agotadora para el que está de guardia, que tiene que hacer su propio trabajo y el de sus compañeros. Ése es el caso de Teresa Sánchez, teleoperadora de la centralita de Teletaxi: «Se trabaja muchísimo. Todo el mundo quiere salir sin coger el coche, y hay muy pocos taxis disponibles». Tejada, por el contrario, asegura que el que llega al hospital en Nochevieja «es que está muy malo. Incluso cuando hay fútbol o echan la final de Operación Triunfo viene mucha menos gente. Toda urgencia es relativa». Los únicos que, año tras año, acuden a la Jiménez Díaz en esta fecha son «los de la maratón popular del día 31. Hay señores que no han hecho ejercicio en su vida, se ponen a correr y nos llegan con un infarto». Ser el único que pasa la noche trabajando puede estar muy bien pagado. Para una estudiante como Jennifer Barrantes, recibir «el triple que cualquier otro día» por poner copas en la discoteca Radikal es un motivo más que suficiente para sacrificar la fiesta. La mayor parte de las veces, sin embargo, el trabajador no decide quedarse de guardia, sino que le toca por turno o sorteo entre sus compañeros. Así, en la centralita de Teletaxi «está contemplado por contrato y, el año que tienes que venir, no cobras más que otras veces». Lo importante, en cualquier caso, es encontrar la manera de no amargarse la noche. Así, el personal sanitario de la Jiménez Díaz cambia el habitual sistema de turnos para cenar y espera hasta las dos o tres de la madrugada -«cuando todo está más tranquilo», cuenta Tejada- para sentarse todos juntos a la mesa. En los estudios de la SER, se dan un festín a cuenta de la empresa antes de empezar a trabajar, y hacen lo que pueden para compartir la Nochevieja con sus familias. «Mi madre se viene a hacer el programa con nosotros para no quedarse sola en casa», explica el periodista Pachi Poncela, «como ningún comentarista quiere trabajar en fin de año, ella nos va a ayudar hablando por la radio para dar el punto de vista de una mujer normal», concluye.