Artur Mas, virtual nuevo presidente catalán a la espera del pacto con ERC

Anxo Lugilde ENVIADO ESPECIAL | BARCELONA

ESPAÑA

Maragall tiene alguna opción remota si fracasa la entente nacionalista y en Madrid le dan autonomía Carod, que podría ser el «conseller en cap», se va de vacaciones

17 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Artur Mas (CiU) llegó ayer por la mañana a su despacho como conseller en cap de la Generalitat envuelto en una aparente aura de nuevo presidente. Todo apunta a que el sucesor de Jordi Pujol va a mantenerse en el poder aunque la incertidumbre está servida, pues Esquerra Republicana de Catalunya, dueña de la llave maestra que abre todas las puertas del nuevo Parlamento, no descarta una alianza de izquierdas con el PSC e IC. Pero es difícil que un Pasqual Maragall (PSC) debilitado logre el acuerdo a tres bandas que necesita, con sus dos posibles socios catalanes y con la dirección socialista de Madrid en la que los barones del sur harán oír su voz. Fuentes de Esquerra apuntaban ayer que si bien el hecho de que CiU tenga cuatro escaños más que el PSC, (46 contra 42) no resulta del todo decisivo para determinar quién debe presidir la Generalitat, la segunda derrota en escaños ha hundido a Maragall. Por eso, parece que ERC le exigiría la presidencia, basándose en la victoria en escaños de los dos partidos nacionalistas y, tal vez, en el precedente del primer acuerdo entre los socialistas vascos y el PNV. Difícilmente el PSOE podría aceptarlo. Así que la opción con más visos de concretarse es la de una entente CiU-ERC, que a ninguno de los dos apasiona, pero que ambos necesitan. La primera para conservar el poder; la segunda para tocarlo. «ERC se muere por pisar moqueta», apunta un político madrileño con muy buenas relaciones con Esquerra. Las condiciones serían la ruptura con el PP, un nuevo estatuto muy ambicioso y el cargo de conseller en cap , algo así como primer ministro, para Carod. Un «gallego» de Cambrils El gran triunfador de las elecciones del domingo vivió ayer un día de gloria mediática. Este hombre que periódicamente acude a la Galería Sargadelos de Barcelona a comprar las últimas novedades en literatura gallega, no dijo ni sí ni no ni todo lo contario. Como si en lugar de Cambrils hubiera nacido en Baralla, Carod Rovira no soltó prenda, pero marcó el terreno de la negociación al advertirle a los convergentes y socialistas que «no den nada por hecho». Su apuesta de un gobierno de concentración parece ahora mismo un brindis al sol, ante la nula predisposición para ello de CiU y PSC. Por eso va a tener que mojarse, salvo un acuerdo entre estos dos grandes partidos, para que los socialistas se abstengan y den vía libre a Mas. Esa solución, aunque improbable todavía, gana enteros según pasan las horas. Quedan tres semanas de negociaciones, pero Carod ya anunció que el jueves se va de vacaciones a un destino desconocido mientras deja en manos de su partido las conversaciones.