Más de 10.000 madrileños asisten a la misa solemne de la Almudena

La Voz LA VOZ | MADRID

ESPAÑA

Rouco Varela y Ruiz Gallardón piden a la patrona el fin de la violencia terrorista La virgen fue llevada en procesión por las calles del centro entre el fervor popular

09 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Alrededor de 10.000 madrileños abarrotaron ayer la Plaza Mayor para asistir a la solemne misa celebrada en honor de la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid. Los nubarrones y la amenaza de lluvia en la capital no impidieron que este emblemático lugar de la capital se viera muy concurrido en el transcurso de la ceremonia, que fue seguida con devoción. La eucaristía fue oficiada por el Arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela. Junto al prelado concelebraron la santa misa los obispos auxiliares de Madrid, el Nuncio de Su Santidad en España, y los Obispos de Getafe y Alcalá de Henares, además del Vicario General de la diócesis de Madrid, el Deán y el Cabildo Catedral, los Vicarios episcopales, delegados diocesanos y numerosos sacerdotes. Al acto asistieron asimismo distintas autoridades civiles y políticas, entre ellas el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Como novedad, la imagen de la Virgen de la Almudena, que presidió el altar situado ante el edificio de la Junta de Distrito, salió a las once menos cuarto de la mañana de la catedral y fue llevada en procesión por las calles del centro de Madrid hasta llegar a la Plaza Mayor, donde fue recibida por los aplausos de los miles de madrileños que asistían a la ceremonia. El Coro de la Catedral y los numerosos fieles entonaron una Salve en homenaje a la Virgen, que fue colocada en el altar. Este mismo coro entonó durante la ceremonia litúrgica diversos temas religiosos en lo que supone el estreno de un nuevo repertorio con motivo del tercer Sínodo Diocesano que se celebra este año. Tras el Evangelio, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, pronunció una homilía que inició con referencias a la celebración del Sínodo Diocesano y a la devoción que el pueblo de Madrid siente hacia la Virgen de la Almudena. El presidente de la Conferencia Episcopal hizo referencia a las palabras que Juan Pablo II pronunció en el encuentro que mantuvo con jóvenes de todo el mundo en la Base de Cuatro Vientos en el mes de mayo, donde exigió a los jóvenes católicos «a ser operadores y artífices de la paz». «Reponded a la violencia ciega y al odio humano con el poder fascinante del amor y del espíritu; venced la enemistad con la fuerza del perdón; manteneos lejos de toda forma de nacionalismo desesperado, de racismo y de intolerancia; testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen sino que se proponen», reiteró el Papa en aquella ocasión. Seguidamente, el alcalde madrileño, Alberto Ruiz-Gallardón, acompañado por su esposa, renovó el Voto de la Villa de Madrid a la Virgen de la Almudena, una tradición que se remonta a las inundaciones de septiembre del año 1648, cuando los miembros del Concejo Municipal hicieron el voto de asistir a la fiesta de la Almudena «perpetuamente para siempre jamás». Voto de la Ciudad Gallardón, que pronunció el Voto de la Ciudad por primera vez como alcalde se dirigió a Nuestra Señora de la Almudena, «en nombre y representación de todos los ciudadanos de Madrid», para renovar el voto de fidelidad. «La larga tradición de este voto la recuerda la herencia que como espacio de encuentro abierto a todos hemos recibido y nos proponemos proseguir», dijo el alcalde. «Por eso hoy, -prosiguió-, al festejar su patrona Madrid, hace voto de que el dialogo y la concordia hagan de nuestra ciudad un lugar libre de violencia, de desesperanza y de rencor, y expresamos nuestra voluntad de que la tolerancia sean en nuestras manos herramienta con la de erradicar cualquier causa de marginación y justicia». Y añadió que «Madrid deposita en su patrona la esperanza de quienes propugnan el terrorismo abandonen su instinto de destrucción y de que sus víctimas tengan la comprensión y apoyo de los ciudadanos y de que nadie sea perseguido por causa de la libertad». En este sentido, el Alcalde aseguró que con este acto se reafirma «la convicción de que el progreso material de la ciudad no puede postergar las necesidades espirituales a las que éste ha de servir». «Renovamos nuestro compromiso con la consecución de un orden económico y social justo que permita dar a todos lo mejor de si mismos sin exclusión de nadie», apostilló.