Consigna PP: frenar a Maragall

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

18 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Madrid, Cataluña , Andalucía . Tres campañas electorales en una y un solo diablo verdadero: Pasqual Maragall . El potente equipo electoral del Partido Popular confiesa en privado que da por vencido a Simancas , por imbatible de momento a Chaves y por neutralizable a Maragall. ¿El método? Que aunque gane en diputados que no gobierne, porque se considera que es el único apoyo sólido que puede tener Zapatero antes de marzo. «Que no gobierne Maragall», es la consigna de Madrid. Sin reparar en gastos. El resultado es claro: estamos a una semana de las elecciones repetidas en Madrid y a cuatro de las catalanas, pero hay más pasión en Cataluña que en la capital de España . Es lógico porque en Madrid se dedican a repetir la tanda de penaltis hasta que gane Esperanza Aguirre , y en Barcelona acaba, más que una legislatura, toda una época de la historia de Cataluña, la protagonizada por Jordi Pujol . Un cuarto de siglo de continuidad. Nada será igual después del 16 de marzo. Y se teme que pueda ir a peor. De ahí la inquietud. Esa coincidencia de campañas en el tiempo y esa diversidad de climas prueba, por si no era ya suficiente, que España es un crisol y, de paso, que los tópicos deben revisarse. Fíjense: en Madrid la campaña avanza a ladrillazo limpio a cuenta del conocido comando político-inmobiliario integrado por dos tránsfugas del PSOE muy aficionados a telefonear ante cada decisión a unos constructores que por la otra línea tenían al secretario del PP madrileño, Romero de Tejada. En Cataluña, que tiene fama de seriedad, los pronósticos tan reñidos llevan al candidato pujolista Artur Mas a propuestas surrealistas como que los deportistas catalanes compitan con bandera andorrana, un país de la ONU con treinta mil habitantes de lengua oficial catalana. La propuesta ha hecho reír en Laussane en la sede del COI y tambien en España y en Cataluña, pero ha inquietado a los andorranos que no quieren deportistas catalanes sino más clientes catalanes para sus comercios y sus bancos opacos para la Hacienda española. Entretanto, en Andalucía se aprobaba el viernes la Declaración de Sevilla , leída por el científico Bernat Soria , apoyando la investigación con células madre, asunto que reabre la esperanza de los enfermos de Alzheimer y de Parkinson , aunque la ciencia vaya siempre lenta. Un empresario andaluz comenta así a La Voz la diferencia entre la propuesta de Mas y la declaración sevillana conocidas el mismo día: «Mire usted: no es que los catalanes sean más serios que nosotros como se dice. Es que se ponen más serios, que es muy diferente». Los tornillos del aparato El que se pone serio de verdad es Alfonso Guerra cuando constata la calidad del aparato electoral del PP y la debilidad del socialista. «Lo que tienen ellos ahora lo teníamos antes nosotros pero el final de Felipe y sobre todo la época de Almunia fue tremenda. Se dedicó a disolver equipos y a quitar los tornillos del aparato. Y así se cae todo», comenta a La Voz. Guerra, que encontró su nuevo papel en la vida como presidente de la Fundación Pablo Iglesias , promotora de la emotiva exposición Exiliados, quiere conceder aún un resquicio de oportunidad en su pronóstico a Rafael Simancas , al que apoya en mítines en el sur de Madrid. Como todo dirigente socialista valora pero teme a Maragall, que algunos días alarma. «Hombre ¿a quién se le ocurre decir eso de que no dará ni una gota de agua a otras comunidades? Es que intelectualmente es un ácrata», concede. Maragall puede ganar a CiU pero no llegará a los 68 diputados de la mayoría sin pactar con Esquerra Republicana . Y cuando en 1980 Esquerra tuvo la llave pactó con la derecha (Pujol y UCD ) y evitó un presidente de la Generalitat socialista. La escritora Rosa Regás es cáustica en su análisis: «Son de derechas y por eso se llaman Esquerra, para disimular. Para mí no son ni de izquierda, ni republicanos, ni de Cataluña». Pedimos a Rosa Regás si no le importa que nuestra conversación se reproduzca en La Voz. «Por supuesto que no me importa que se publique. Y añada, por favor, que si gobierna Artur Mas yo me voy a vivir a Montpellier, porque esto está inaguantable». El tono de Rosa Regás no es extraño en Barcelona estos días. Todo el mundo se siente en la antesala de un cambio de época. O Maragall o una coalición nacionalista de pujolistas y de Esquerra rivalizando en tomar distancias con España. «La deriva vasca está servida en ese caso y lo más sorprendente es que al PP no le importa», declara Antoni Castells , presunto conseller de Economía con Maragall. Las patronales empiezan a exteriorizar sus temores hacia Esquerra Republicana, que apoya el plan Ibarretxe , lo que sitúa a Maragall y al popular Piqué como garantías de estabilidad. «No tengo malas impresiones por lo que estoy viendo sino todo lo contrario», comentaba Josep Piqué a La Voz el jueves por la tarde en Barcelona. Nunca tuvo el PP mejor candidato en unas catalanas y en algo se habrá de notar. Incluso aspira la derecha a crecer, como en municipales, en el antiguo cinturón rojo de Barcelona. El encargo de Aznar que lleva Piqué es determinante: «Lo que sea menos que gobierne Maragall». Ya tiene razón Alfonso Guerra: «Ellos ahora funcionan como un reloj igual que nosotros antes. Dicen una cosa en Génova o en Moncloa y a las dos horas se repite en toda España. Así se ganan elecciones».