Crónica | Los crímenes de Gustavo Romero La policía investiga si el asesino de Rosana Maroto y de una pareja de novios es también el autor de otras muertes violentas sin resolver en Canarias y Ciudad Real
17 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Gustavo Romero Tercero, el asesino confeso de la joven Rosana Maroto y de los novios Ángel Ibáñez y Sara Dotor, es un «monstruo». Así de tajantes se muestran los nueve hermanos de este hombre de 31 años que en 1998 acabó con la vida de Rosana, cinco años después de acuchillar a una pareja en el parque municipal de Valdepeñas (Ciudad Real). El abogado de la familia Romero aclaró ayer que los hermanos de Gustavo quieren transmitir a la sociedad su más enérgica repulsa y exigen que cumpla íntegramente la condena que le sea impuesta. Una cuñada del presunto asesino, Carmen Sáez, ratificó la violenta imagen de este hombre, preso en la cárcel de Herrera de la Mancha desde agosto por un delito de malos tratos: «Tenía arranques de locura. A mi hermano Alfonso le pegó una paliza a traición hace seis meses y no lo mató de milagro». Esta mujer aseguró que su cuñado «ha sido siempre un maltratador» y que no sólo pegaba a su hermana, sino también a los hijos, que en la actualidad tienen trece y diez años. «Al niño, una vez que lloraba porque estaba enfermo, con tan sólo año y medio, le reventó el ojo izquierdo y el labio de una patada». Los menores están necesitando la ayuda de psicólogos para encajar que su padre sea un asesino. ¿Sólo o acompañado? El alcalde de Valdepeñas tiene ante sí un reto crucial: calmar a los cerca de 30.000 vecinos, entre los que se ha extendido el rumor de que Gustavo no actuó solo. «Hay un solo asesino. Se ha encontrado el arma homicida de los novios y el cadáver de Rosana y todo lo ha hecho una persona. Yo entiendo que sea un poco incomprensible pensar cómo un chaval joven pudo cometer estos crímenes, pero, por favor, no especulemos», declaró el regidor. Martín reconoció que Romero había participado en todas las manifestaciones que se convocaron en la localidad para pedir a las fuerzas de seguridad que intensificaran la búsqueda de Rosana Maroto. «El pueblo de Valdepeñas sabía en su fuero interno que el criminal estaba entre nosotros, pero no podíamos imaginar que estuviera tan cerca», señaló. Romero acompañó el jueves a la policía y a las autoridades judiciales al pozo seco donde enterró a la chica hace cinco años y presenció la extracción de los restos desde un vehículo celular, aunque sin demasiado interés, porque, al parecer, llegó a dormirse. «No muestra ningún signo de arrepentimiento», declaró el alcalde de Valdepeñas, quien afirmó que no se sabe aún si Romero actuó por un motivo sexual o por un impulso de «matar por matar». En el pozo apareció también un reloj, una zapatilla y algunas prendas que vestía la joven cuando desapareció y que han sido ya identificadas por la familia. La policía está cotejando las muestras de ADN de Gustavo Romero para comprobar si su perfil genético aparece en otros casos sin resolver. Así, se están investigando crímenes en Canarias, comunidad en la que vivió entre 1993 y 1998, y en Ciudad Real. En la provincia manchega dos casos siguen abiertos: la muerte de Inmaculada Arteaga López, de 14 años, cuyo cadáver apareció con el cráneo destrozado en marzo del 2001 en las afueras de Campo de Criptana, y la de otra mujer, de nombre Juana, que en febrero de este año apareció con cuchilladas en el cuello y el vientre.