Desgracias que son errores

| RICARDO MARTÍN |

ESPAÑA

EL MERCADO DE LA CORTE

28 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Aznar se resiste a admitir error alguno en sus siete años de Gobierno, por ello culpa a Zapatero de aprovecharse de cuantas desgracias y accidentes asolan el país. Como es lógica la dinámica de oposición permanente en la que lleva instalado el PP desde 1990, sus carencias o ineficacias son culpa de los socialistas. Cuando suena esperpéntico echar la culpa al adversario, como en el caso Prestige , se habla de desgracia o accidente. El epitafio del que se va será largo y melancólico, trufado de justificaciones y consejos al sucesor. Ministros honrados En el mundo que imagina el presidente desde La Moncloa, sus gobiernos han sido los más honrados de la democracia. Y en efecto, como sucedía con los gabinetes de UCD o del PSOE, los ministros que se han sentado en el Consejo han sido y son honrados. Otra cosa es la perfección ciudadana, e incluso de instituciones foráneas que señalan una creciente preocupación por sucesos de corrupción política y económica en nuestro país. No, las cosas no han mejorado mucho respecto al pasado, aunque es cierto que ahora hay menos ruido que hace unos años. Madrid y más La idea de Zapatero de que la Presidencia comparta grandes decisiones de Estado con los presidentes autonómicos es una aportación muy valiosa a la maduración de la España descentralizada, al igual que la reforma del Senado para conseguir un parlamento territorializado. Ambas iniciativas encajan más con el espíritu de la Transición y una lectura futurista de la Constitución que el patriotismo constitucional y la obsesión por difundir los símbolos del Estado, o esa negativa sistemática del Gobierno en dar mayor protagonismo a los poderes regionales.