«No tires ese trozo de pan, que te va a hacer falta»

C. Fanjul / R. Arias PONFERRADA

ESPAÑA

ANA F. BARREDO

Testimonio | Los dos mineros narran sus vivencias Francisco volverá al tajo porque «el miedo no paga deudas», y Óscar dice que necesita tiempo para reflexionar

08 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«A partir de ahora, siempre estaremos juntos; somos grandes amigos. Nos debemos el uno al otro algo más que amistad. Compartimos 48 horas muy difíciles, pero muy difíciles, duras de olvidar». Con estas palabras, Élder Francisco Magro describía ayer a la salida del hospital, la relación que, a partir de ahora, le unirá al compañero con el que luchó durante dos días enteros por permanecer ligados a este lado del mundo. Prácticamente dos desconocidos antes de la tragedia, Francisco Magro y Óscar Fernández se fundían ayer en un emocionado abrazo después de recordar las 48 horas que se vieron obligados a compartir por la arbitrariedad de la mina. En el único punto en el que divergen es en la posibilidad de volver al tajo. «El miedo no paga deudas, y como no paga deudas, hay que seguir trabajando», comentaba Francisco. «Me quedan tres años para la prejubilación, y necesito un empresario que me dé un trabajo justo para acabar mi vida en la mina; tres años más y largarme», se extendía el más veterano, que recordaba además que lleva en este oficio desde los catorce años. Óscar se mostraba más cauto y con un lacónico «yo no, me lo pensaré, tengo mucho que pensar», parecía cerrar la puerta a volver a aventurarse en las profundidades de la explotación. Francisco y Óscar se expresaron con absoluta normalidad al ser preguntados acerca del derrabe y consideran que se trata de una desgracia que puede caerle a cualquiera. «Fue algo tan rápido e inesperado que no nos dio tiempo a reaccionar», describen. Además, explican que desde el primer instante fueron conscientes de la magnitud del accidente. Por ello, trataron de ahorrar la luz de la lámpara que mantuvieron con ellos, utilizaron los botes de Coca-Cola como improvisados recipientes que colocaron bajo una gotera para luchar contra la deshidratación, y racionaron la escasa comida de la que disponían. En este sentido, Óscar recordaba que estuvo a punto de tirar un trozo de pan en los primeros momentos del encierro. «Le dije: no lo tires, que te va a hacer falta», explicó Francisco. «El trozo que iba a tirar lo metió en la bolsa y el bocadillo lo dejó colgado en un alambre; dos días después lo comió a oscuras, sin saber como estaría de mosquitos. Le dio igual, pues el hambre es la hostia», decía entre las risas de su compañero. La verdadera historia de estos dos hombres continúa ahora, una vez que dejaron las cámaras y el interés informativo.