Hidalgo vuelca su hipocondría en «Me temo lo peor»

Elena F. Palacios MADRID

ESPAÑA

No se lo pierda | Libros El escritor y periodista explora desde el humor y la seriedad su obsesión por las enfermedades. Un grano en la nariz puede convertirse en un tumor cerebral

02 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«Soy hipocondriaco y, aunque no esté orgulloso de serlo, me encanta hablar de ello». Manuel Hidalgo inicia con esta confesión Me temo lo peor (Aguilar), un libro en el que el escritor y periodista explora desde dos ópticas su obsesión por las enfermedades. «Esta obra es un juego de espejos», asegura. «Lo cómico es muy serio y a veces un estilo serio resulta muy cómico, porque los hipocondriacos tenemos en el humor un instrumento de defensa ante la angustia». La primera parte procede de una serie de artículos escritos para la revista Cosmopolitan, en los que en un tono «minimalista, realista y circular» construye un diario imaginario del día a día de un hipocondriaco (porque todos los días hay que beber agua, y ¿qué pasa si está contaminada?). El grano en la nariz que se convierte en un tumor cerebral; la polilla nocturna capaz de ahogarle por la noche o llenarle el estómago de mariposas; o los christmas de Navidad, con los que está punto de envenenarse por culpa del pegamento de tanto sello son partes de una comedia con las que el autor bucea en las relaciones pareja y «ese forcejeo que es convivir». Un tono confesional, casi sin pudor, «con jirones de memoria y reflexión», es el que preside la segunda parte del libro. Hidalgo pone sobre la mesa sus experiencias personales, y llega a la conclusión de que las causas que llevan a una persona a convertirse en hipocondriaca van desde «el miedo a morir hasta el egocentrismo, pasando por una excesiva protección en la infancia, el afán de protagonismo o la autoexigencia desmesurada». Porque, en definitiva, «el hipocondriaco se siente o busca sentirse enfermo para reclamar la atención de los otros, sustitutoria de la que les prestaban sus padres». ¿Algún consejo para protegerse de la hipocondría? «Nada como la entrega amorosa o que el cuerpo termine hablando allá donde tú le escuchas».