Como coordinador de la sanidad militar española, el general de división prepara el contingente médico que viajará a la región iraquí de Al Qarisiyah en agosto.
26 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Para hablar con el general de división Vicente Navarro hay que arrancárselo a sus subordinados. Lo cosen a preguntas sobre el futuro de los hospitales militares y las próximas misiones sanitarias del Ejército en el extranjero. El general aguanta de buena gana el fuego cruzado y aprieta cada mano. Sonríe. Se nota que le gusta su trabajo. Como jefe de la División Logístico Operativa de la Inspección General de Sanidad del Ministerio de Defensa, de él depende la coordinación de la sanidad militar en España. Ahora anda con un ojo en Um Qasar, de donde acaban de volver sus «chicos», y otro en Al Qadisiyah, hacia donde a principios de agosto partirán los 1.300 soldados españoles. No lejos de allí seis soldados británicos resultaron muertos cuando patrullaban las calles el martes pasado. -¿Va a ser esta la misión más complicada a la que se ha enfrentado el Ejército español en los últimos años? -Cada misión en zona de conflicto es difícil. Las que se hicieron hace años en Mozambique, en Nicaragua o en catástrofes como el huracán Mitch también fueron igualmente difíciles. Cada una tiene sus particularidades. Por eso nosotros realizamos primero lo que se llama inteligencia sanitaria, la información necesaria para saber a qué nos vamos a enfrentar sobre el terreno. Clima, condiciones sanitarias y sobre todo seguridad. Nosotros siempre llevamos tropas de seguridad de apoyo. -¿Cuál será la misión sanitaria del despliegue en Irak? ¿Se ocuparán de la población civil? -Nuestra misión prioritaria es el apoyo a la fuerza, atender a nuestras tropas. Nosotros tenemos la obligación de proporcionar al soldado español asistencia sanitaria como si estuviera en casa. Que luego podemos hacer algo más, bien, pero nuestra prioridad es esa. En Um Qasar, por ejemplo, íbamos a dar apoyo sanitario a nuestros aliados en una zona en la que estaban cortos de recursos. Quizás el trabajo al final ha sido más con la población civil porque no ha hecho tanta falta el apoyo a las unidades desplegadas. Entre unas y otras acabamos haciendo unas 4.000 intervenciones, tanto en el buque Galicia, como en las instalaciones de tierra. Y cuando hemos visto que ya hacía menos falta, pues los hemos traído para casa. -¿Cuántos despliegues médicos mantienen ahora en el extranjero? -Seguimos conservando el contingente sanitario en Bosnia y en Kosovo. Retiramos en septiembre de 2002 la unidad médica que estaba en Afganistán, en la base de Bagram. Aquello sí que fue duro. Cuando llegaron estaban a 20 grados bajo cero. Al principio dimos apoyo sanitario a los norteamericanos y a los canadienses que ellos no tenían. Nos comimos toda la Operación Anaconda entera. Después ya pudimos dar más atención a la población civil. -Para un médico militar, tener la oportunidad de trabajar en esas situaciones de combate como las que se vivían en Afganistán debió de ser una experiencia profesional única. -Desde luego. Y también nos sirve el tener médicos activos aquí en los hospitales, todo el día operando, para que cuando los mandemos a algún sitio operen muy bien. Necesitamos gente muy activa, muy al día para poder mandarlos a lugares críticos, donde te tienes que enfrentar a heridos de bala, minas y a las circunstancias propias de un teatro de operaciones. -Cuando estuvimos en la base de Bagram nos sorprendió mucho el bajo nivel sanitario que habían desplegado los norteamericanos. Los españoles tenían aparatos de videoconferencia y telemedicina y ellos ni siquiera rayos X. Hasta los Delta Force pedían ser operados por los españoles. ¿A qué se debía aquello? -Al principio no tenían un buen despliegue médico, pero lo fueron teniendo poco a poco. Y, en ese sentido, los españoles echaron una mano muy importante para mantener la base de Bagram operativa. Pero no. Los americanos tienen un nivel impresionante. Son como el Madrid, galácticos. -¿Y los españoles? ¿Tenemos el nivel de otros países de la OTAN? -Absolutamente. Dentro de nuestras capacidades, claro. En términos de cantidad no tenemos los medios de otros países como Gran Bretaña, pero en calidad estamos al mismo nivel, indudablemente. Tenemos un problema de personal, como en todas partes en el Ejército, pero lo estamos llevando bastante bien. Eso sí, con enorme sacrificio de nuestra gente. A mí me gustaría que la sociedad entendiese la dureza de las misiones en el extranjero. La gente, desde luego, va por vocación, porque de otra forma no se entiende.