Elegir alcalde es lo de menos

La Voz

ESPAÑA

Nunca hasta ahora en las siete elecciones municipales de la democracia elegir alcaldes fue lo de menos. Por supuesto que es importante el edil de los próximos cuatro años: no es lo mismo un burócrata que un Paco Vázquez , por ejemplo, que ya lo quisiéramos en Madrid de alcalde, aunque sólo fuera por las tardes. La capital desde que murió Tierno Galván no ha tenido líder municipal. Vigo y algunas otras plazas tampoco, pero Madrid tiene tres millones de habitantes y ni el socialista Barranco , ni el centrista Rodríguez Sahún , ni el derechista Manzano estuvieron a la altura del reto. Ahora puede gobernar Ruiz Gallardón o Trinidad Jiménez , doblemente apadrinada por Rodríguez Zapatero y Felipe González . No es que dé lo mismo, pero ambos pueden hacerlo bastante mejor que sus predecesores. Por tanto, la tensión no está en si Madrid tendrá alcalde o alcaldesa. Está en todo lo demás que se juega el 25-M convertido en primarias de una nueva época para España. Y primarias para una gravísima crisis en el País Vasco y, en consecuencia, para el resto. El desgaste del PP que ya se apreciaba antes del Prestige y de la guerra de Irak debe medirse ahora para saber si cambiará el ciclo político en el vertiginoso año electoral siguiente o si todavía Zapatero tiene que madurar más como líder. De hecho, Felipe creyó ganar a Suárez en marzo del 79 pero tuvo que esperar al 82 y Aznar estaba convencido de derrotar a Felipe en el 93 y tuvo que aguardar también tres años. Zapatero no es candidato el 25-M, pero conocerá sus verdaderas posibilidades ese día. Aznar tampoco -más allá de su gesto solidario con el PP vasco cerrando la lista de Bilbao-, pero el 25-M es para él casi un plebiscito ante su partido después de su idilio con Bush . Por eso, al recontar los votos, la gente ante todo preguntará si ha ganado el PP o el PSOE, en general, y si PP y PSOE juntos aguantarán Álava y Vitoria ante la tentación secesionista. Y después añadirán: por cierto, ¿quien gobernará mi ciudad? En las trece autonomías que eligen presidente la pregunta clave va a asociada a la primera, a la de PP y PSOE en general, salvo en Canarias donde los nacionalistas de Coalición siempre acaban gobernando con unos o con otros. Y en Baleares, donde los gobiernos los vota la población, pero los decide una señora en solitario, María Antonia Munar , diputada insularista mallorquina, que tiene el honor de desempatar y decidir si el presidente es Matas o Antich . Ni el contrabandista March tuvo en las islas tanto poder. El resto, salvo un terremoto, pueden ser sólo curiosidades: si Bono gana por mucho o por menos al joven Suárez; si Rodríguez Ibarra y Areces , en Extremadura y Asturias, repiten sin ayuda o con ayuda de IU; si los murcianos, cántabros y riojanos siguen amando tanto, o ya un poco menos, al PP y si en Aragón el socialista Marcelino Iglesias es el primer presidente de la historia reelegido. Créanlo: Aragón, a pesar del mito de la nobleza baturra, se carga un líder político por legislatura y es la comunidad más inestable de España. Hasta tuvo tres presidentes en cuatro años: Eiroa del PAR desalojado por el socialista Marco , que compró el voto de un diputado tránsfuga, y más tarde sustituido por otro socialista al dimitir el derrocador por llevarse un sillón a su casa pagado con dinero público. Todo eso a orillas del Ebro, no del Caribe. En Navarra, Miguel Sanz , de UPN, partido asociado al PP en aquella Comunidad, debe ser reelegido. Ya se preocupó él de acudir a una protesta contra la guerra de Irak para congraciarse con el vecindario. Por tanto, de haber terremoto, ¿dónde estaría la falla de San Andrés de la España electoral? Si acaso en Valencia, apuntalada por el PP con manifestaciones pro trasvase del Ebro premiadas con paella final gratuita. Quizás en Castilla y León. O en un paquete significativo de capitales y diputaciones que pudieran pasar a manos socialistas: Zaragoza, Logroño, Jaén... y por supuesto Madrid, ayuntamiento y comunidad. Si no es así, el terremoto quedará sólo en ligero temblor y Zapatero volverá melancólico a los entrenamientos. Pero mucho más grave será si el PP no retiene la provincia de Álava, cuya Diputación Foral se vota directamente, como los cabildos canarios. Hace cuatro años ganó el PP en Álava y en Vitoria con la inestimable ayuda de los socialistas. El número dos del PSOE, el gallego Pepe Blanco , ya se ha apresurado con acierto a anunciar que harán lo mismo esta vez cerrando ese frente para dar alguna expectativa sensata a unos electores desconcertados por la presión nacionalista en la calle y la presión judicial sobre las candidaturas herederas de Batasuna. La cola en los juzgados vascos estos días es para renunciar a la citación de integrar mesas electorales. Imagínense un pueblo de la Guipúzcoa profunda o de la Navarra euskalduna donde solo había dos listas, una popular o socialista que tanto da, y otra -batasuna- anulada ahora. Si el PNV reconquista Álava, Ibarretxete adelantará elecciones a octubre con la sombra de la autodeterminación presente. Escuchen a Arzallus: «Esto es un pucherazo electoral de Moncloa para matar civilmente a miles de vascos». Cualquier crisis posterior si se pierde Álava se anuncia dramática. Por eso, con todo respeto, señores candidatos, el nombre del alcalde es esta vez lo de menos.