La apuesta en el póquer de la guerra es tan fuerte que estremece. Y no sólo en el teatro de operaciones, también país por país. Toda España anda preguntándose por el secreto de José María Aznar para tomar tanto riesgo en una partida internacional por la que se podía pasar discretamente sin agrietar veinte años de consenso europeo y la relación con los países árabes y latinoamericanos. Pero, además, se actúa contra la opinión del 91 por ciento de españoles, opuestos al ataque a Irak, y se pone en riesgo el futuro electoral inmediato del partido conservador fundado por Fraga y pacificado y robustecido por el propio Aznar. El Madrid político vive pendiente de dos preguntas clave: ¿dónde está la razón última para asumir tanto riesgo? Y, sobre todo, ¿le puede salir bien la jugada al presidente? La primera no la aclara ni una ronda de consultas a ilustres expertos. Para el profesor Manuel Castells es una «cuestión psicológica, de protagonismo del personaje». Para otro catedrático, que prefiere no identificarse, la palabra clave puede ser «Repsol». Se descarta lo de la colaboración contra ETA porque la CIA sabe poco de vascos; la ayuda clave es la francesa y a Francia no se le hace feliz con el idilio yanqui. Otros creen que es una apuesta para que con la Europa ampliada hacia el Este y con mayor influencia de Bush , Aznar sea proclamado presidente europeo. Contra Francia y Alemania eso parece difícil porque ya se advierte esta semana desde Berlín «que (a Aznar) no se le perdonará el deseo de protagonismo que exhibe, ni cuando se hable de fondos estructurales para España».La segunda pregunta es todavía más importante: ¿Le puede salir bien? Pues, aunque es muy difícil, sí, le puede salir bien si consigue la receta mágica pero no imposible de «guerra rápida con pocos miles de muertos iraquíes y casi ninguno español, caída de Sadam o de su régimen, pocos atentados islámicos como respuesta y contrapartidas visibles para España». Xavier Trias , portavoz nacionalista catalán en Madrid, comenta a La Voz que «si le sale bien, Aznar ya se ve entrando en la Quinta Avenida de Nueva York con confeti, pero si le sale mal su partido y el país pagarán un precio carísimo por la aventura». Trias, hombre con sentido del humor suficiente como para afirmar que hasta que conoció a la cúpula del PP nunca antes había sentido miedo de los nacionalistas, confiesa divertido que se dedica a alterar a algunos dirigentes populares con frases como ésta: «El problema es para vosotros porque él ya tiene la jubilación resuelta; seguro que Bush le dará un puesto en el consejo de administración de alguna petrolera amiga».Ironías aparte, estamos en una partida de póquer de la que sólo se puede salir en hombros o con los pies por delante. Y Aznar parece vivirlo con la confianza -desconcertante para los demás- de que todo terminará bien. Los mexicanos, molestos porque Bush con el escaso tacto que le caracteriza haya elegido a un español como embajador, hablan del «simplismo» del planteamiento de Aznar. «Entre Estados Unidos o Irak, Estados Unidos. Vaya descubrimiento. La situación internacional es mucho más compleja».A la ministra de Exteriores Ana Palacio , la jugada de Aznar le parece magistral, acaso porque conoce el secreto del presidente, y habla entusiasmada, casi arrobada. Ante la Comisión de Exteriores del Congreso la señora Palacio descubrió a los diputados que «el mundo está cambiando profundamente y uno de los líderes mundiales que lo vio desde el primer momento fue nuestro presidente Jose María Aznar», frase que provocó una rechifla entre Sus Señorías que debió aplacar el presidente de la Comisión. Pero no pudo evitar que el portavoz de Izquierda Unida Felipe Alcaraz , cultivador de un humor cáustico, le espetara «señora ministra: dígale a ojo de lince que tiene dioptrías».Pero a la oposición le intranquiliza ver a Aznar tan feliz. En las fotos de esta semana aparecen muy serios Chirac , el Papa y hasta Blair , que por poco sucumbe ante su propio grupo parlamentario, pero el presidente español muestra sonrisa contenida, confiada. Entretanto su partido vive en el desasosiego con apelaciones al honor para que el martes no haya diputados disidentes que voten contra la guerra. Esta probabilidad es francamente baja aunque el portavoz canario José Carlos Mauricio asegure que hay 8 dispuestos a ello. Desplome en las encuestas El trago que están pasando es muy amargo y en privado confiesan que es duro tener que callar mientras se aprecia un desplome en las encuestas, especialmente en Galicia y en Andalucía, que pone en riesgo su futuro. Menos mal que Mariano Rajoy los anima con eso de que «las películas tienen final feliz aunque el bueno se lleve muchas bofetadas». En privado pocos confían en la jugada de Aznar, pero al presidente le basta con su propia confianza. Como la que exhibió en aquel primer y penúltimo debate con Felipe González en Antena 3TV, el 23 de mayo de 1993. Todo el mundo a priori daba a Aznar como perdedor y terminó ganando. Cuando salimos del estudio y acompañamos a los dos líderes a sus respectivos camerinos la escena resultó inolvidable. Como recordarán bien J avier Arenas , Miguel Ángel Rodríguez y Ana Mato que estaban allí con unos pocos más, ante los aplausos emocionados, Aznar esbozó una sonrisa y se limitó a comentar: «¿Os creíais que iba a perder, eh, cabrones?»