Un matrimonio en paro cuenta sus experiencias tras aprobar el curso realizado por una productora de cine de Las Rozas que busca «gente corriente y sin prejuicios» para protagonizar sus pelícluas
23 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.«El primer día estuve cortadísima. Había siete chicos, yo era la única mujer y no sabía si había prácticas» «Desde que hemos hecho el curso de actores porno disfrutamos más intensamente del sexo. Hemos aprendido muchísimos trucos. Llevamos 15 años casados y nuestra vida sexual había caído en la monotonía. Ahora es mucho más satisfactoria. Además, tenemos más posibilidades de encontrar trabajo». Quien así se expresan son Inma y Paco, un matrimonio de Valencia que actualmente reside en Cifuentes, un pueblo de Guadalajara, y que acaban de aprobar el curso de actor y actriz porno realizado por la Productora Audiovisual de Pornografía, en la localidad madrileña de Las Rozas.Él, de 43 años, y ella, de 37, y con una hija de 14, se encuentran en paro tras cerrar recientemente una papelería por falta de negocio. Un día escucharon en la radio que el curso de actores porno les podía facilitar un empleo. Antonio, «a base de insistir», animó a Inma a apuntarse. «Le costó mucho convencerme, porque yo era una mosquita muerta y para mí no ha habido otro hombre más que él», precisa.Ambos reconocen que no conocían nada de este mundo, salvo que de vez en cuando veían juntos una pelíclula pornográfica. «No nos pusieron ninguna condición al apuntarnos. El primer día del curso estuve cortadísima. Había siete chicos, yo era la única mujer y no sabía si había prácticas», afirma Inma.«Yo estaba inquieto porque no me hacía a la idea de ver a mi mujer liada con otros seis hombres», afirma Antonio. Pero según avanzaban las clases se dieron cuenta de que para aprender a ser un profesional del cine X no era necesario tener relaciones con nadie. «No hubo nada de sexo ni morbo. Ni siquiera hubo contactos con otros», precisa él. «Me sorprendió el respeto que hubo entre todos. Al principió llegue a pensar que me iban a violar siete, y nada más lejos», añade ella.Sin embargo, sí hubo momentos de cierto apuro. El segundo día de clase, mediante un juego, tuvieron que desnudarse todos. «Si quería llegar a ser actriz porno tenía que olvidar la vergüenza y perder el pudor a quedarme desnuda en público. Y como no fui la primera en quitarme toda la ropa, me costó menos. Además, las mujeres estamos acostumbradas a hacer top less», se justifica Inma.Los que lo peor lo pasaron fueron los hombres cuando, en otra clase, una actriz porno profesional llevó a cabo una excitación en grupo sin tocamiento alguno. Sólo dos de los siete presentes mostraron sus atributos en plena forma. «Fue una prueba superdifícil. Nos han dicho que posiblemente valemos para hacer este tipo de películas, por eso nos estamos planteando participar», indica Antonio.Ahora la negociación con este matrimonio se centra en el tema económico. «Si el dinero que nos dan nos satisface, haremos una película porno. Estamos estudiando si trabajar los dos siempre en pareja o hacerlo individualmente. En nuestra vida normal practicamos posturas que hemos aprendido en el curso, y ahora las películas X las vemos en plan crítico y nos fijamos en otras cosas», concluyen Antonio.