La marea humana contra la guerra es el fantasma que recorre Europa este fin de semana. «Si en las calles de Estados Unidos sucediera lo mismo que en las españolas la guerra se detendría. Pero Bush quiere jugar con los mapas y por eso se ha empeñado en liquidar el orden internacional surgido de la Segunda Guerra Mundial que excluía la guerra preventiva». Eso afirmaba Felipe González en un debate público con Jordi Pujol bajo el título Miseria y grandeza de la política. En conversación con La Voz , el ex presidente del Gobierno se permitía ir más allá: «Cualquier cosa es imaginable tras esta guerra, incluso ver al Rey de Jordania sentado en Bagdad después de haber hecho sitio en su casa a los palestinos para que queden allí rodeados mientras Israel se expande definitivamente hacia la Cisjordania u otros territorios». Cambiar el mapa y controlar el inmenso barril de petróleo del subsuelo de esa zona se confirma como el objetivo de fondo de esta guerra, más allá de la loable tarea de desarmar a Sadam del arsenal que le vendieron los americanos en su día y el no menos noble empeño de librar al pueblo iraquí del dictador que apuntalaron los mismos que ahora quieren derrocarlo. Los mismos más Aznar y Berlusconi que son nuevos en estas aventuras de dibujar mapas. El análisis que Felipe González hacía en Barcelona en la tarde del viernes puede resultar chocante para los europeos de países con fronteras claras desde la Edad Media . Pero « Irak es un país artificial creado por los británicos agrupando tres etnias irreconciliables -kurdos, chiíes y sunitas-, lo que supone poco menos que una condena a no tener democracia nunca», apunta Javier Solana . Al fin y al cabo, Israel está donde está porque después del holocausto se decidió concentrar allí al pueblo judío errante tras descartar la Patagonia y otros emplazamientos. Lo que, según Felipe González, puede pasar en los mapas de Oriente Medio -quizás Aznar lo sepa pero no lo explicó en su comparecencia televisiva en la que sólo pidió comprensión a los españoles-, es lo que el profesor Yves Lacoste ya tiene advertido en su libro La geografía sirve, de entrada, para hacer la guerra. Y la guerra, por contra, para modificar la geografía. No en vano el viejo profesor francés escribe provocadoramente en ese brillante texto: «En cierto modo, el general Pinochet es un geógrafo». Bush no debe conocer al profesor Lacoste, ni siquiera con precisión los mapas de Oriente Medio, pero anda con pistola, lápiz y papel empeñado en que renovemos el atlas. Primeros efectos Ya se verá el efecto de las multitudinarias manifestaciones de ayer, pero de momento han obligado a los gobernantes a moverse. Blair anuncia que se conceden quince días más a los inspectores de la ONU . Aznar modera su lenguaje, reduce el vinagre en sus recetas para la oposición y lanza a sus ministros a seducir periodistas. El miércoles pasado el pasillo del Congreso era un rosario de tertulias con Rajoy , Rato , Trillo y Montoro al frente. Rajoy es el que tiene más arte y desde luego una capacidad de encaje demostrada en la crisis del Prestige , regalo envenenado que heredó mientras el responsable, Álvarez Cascos , pasaba un fin de semana cazando y otro esquiando. Que se sepa, Fomento es un ministerio económico pero el vicepresidente Rato , del que depende, desapareció de escena. Encima, Rajoy se tragó sin rechistar el nombre de la mano amiga que le pasó una nota manuscrita un minuto antes de intervenir en el Congreso . Una nota que decía textualmente: «Mariano, me dicen que del Prestige salen unos hilillos de fuel como si fueran de plastilina». Al ministro redactor de la nota solo le faltó añadir en plan Cruz y Raya : «Ahora vas y lo cascas». Cirugía estética Mientras el chapatote de la guerra lo inunda todo desde el Parlamento a la calle, desde la economía a las conversaciones familiares, no dejan de suceder otras cosas, aunque informativamente queden tapadas. Por ejemplo, los preparativos electorales y las cirugías estéticas que aplican los partidos a sus candidaturas. El PAR aragonés trata de convencer a su militante Pedro Oliva -el ganador de la última edición de Gran Hermano- para que figure arriba en sus listas municipales de Zaragoza , mientras el PP quiere llevar por Burgos al secuestrado Ortega Lara detrás del ex ministro Aparicio . El PSOE entretanto ya le ha dicho al alcalde de Almería que no repetirá «por razones personales», aunque cualquiera que lo conozca lo comprende. En Vigo se ha creado una gestora socialista que prejubila a Carlos Príncipe y a quienes quieran seguirlo, al menos de la política municipal. La dirección del PSOE en Madrid -o sea, Zapatero y Blanco - está empeñada en que Ventura Pérez Mariño sea alcalde de Vigo porque creen que esa capital merece un gran alcalde como el de A Coruña o el de Barcelona. Lo que no exteriorizan es que su partido tiene una cierta deuda con esa ciudad que ilustra bien el cuchicheo mantenido hace años en un comité federal por González y Guerra . Tras una insólita intervención del entonces regidor socialista de Vigo, Felipe -que de los suyos conoce sólo a los primeros espadas- preguntó quién era el que acababa de intervenir. «Ése es el compañero Soto , el alcalde de Vigo», le aclaró Guerra. La respuesta no tiene desperdicio: «¡Osú, qué desgracia tiene esa pobre gente!».