La sorprendente radicalidad de Zapatero en el Parlamento, pidiendo que Aznar se oponga a cualquier intervención militar sobre Irak en el Consejo de Naciones Unidas supone un giro a la izquierda del Partido Socialista que sólo puede entenderse en clave electoral, como fórmula para rebañar voto en un electorado netamente de izquierda, que en pasadas elecciones se ha decantado por la abstención. Es lógico que Aznar desee una precipitación de las acciones armadas sobre Irak, pretendiendo un final rápido a la contienda, pero la resistencia de países como Francia o Rusia a dejarse convencer por EE.UU. condicionará el desarrollo de los acontecimientos. El mes de febrero será una sucesión de movilizaciones en distintas capitales de España, promovidas por plataformas y grupos de izquierda, a las que se sumará el PSOE, y, desde luego, Izquierda Unida, cuyas expectativas electorales mejoran cada día. El giro de Zapatero es táctico, aunque el Gobierno quiera aprovechar para cazar al líder opositor en supuestas contradicciones. No cabe pensar, en ningún caso, que al secretario general socialista le falte asesoramiento en política internacional, con Felipe González, Manuel Marín, Trinidad Jiménez o Javier Solana permanentemente al otro lado del hilo telefónico. Lo que sucede es que Rodríguez Zapatero acaricia una victoria en Madrid, impensable hace sólo unas semanas. La capital de España será escenario de una excitación callejera casi permanente hasta el 25-M, y el mundo de la cultura actuará como la punta de lanza de esa marea anti-PP. Situaciones como la vivida por la ministra Del Castillo -abucheada en la Pasarela Gaudí- o por el propio Fraga, obligado a andar blindado por las ciudades de Galicia, nos retrotraen a aquella dura etapa 1993-1996 en que Felipe González apenas podía dejarse ver en público. El «problema Botella» Cada día que pasa se hace más evidente el error del presidente del Gobierno incrustando a su esposa, Ana Botella, en la candidatura de Gallardón: «Ya sabes la vocación política de Ana, te pido que la hagas un hueco en tu lista». Respondió entonces el presidente de la comunidad al presidente del Gobierno que para él sería, sencillamente, un honor compartir la campaña electoral con Ana. Sin embargo, el primer dato negativo para Ruiz-Gallardón en su carrera a la Alcaldía ha sido el desafecto de los medios de comunicación de Prisa -claves en la batalla de Madrid- hacia la nueva acompañante. Tampoco ayuda a Gallardón su silencio cómplice ante la crisis de Irak, obligado a identificarse con la política del Gobierno español para evitar un choque de consecuencias imprevisibles con su número tres . SOS de Rato a Pujol Ante la situación de soledad que ha vivido estas semanas el Gobierno, Rodrigo Rato ha reverdecido sus excelentes relaciones con el nacionalismo catalán, llamando en auxilio del Gobierno a Jordi Pujol, siempre dispuesto a mostrarse como un hombre de Estado desde el separatismo constitucional. El flirteo es mutuo, puesto que CIU juega a fondo la baza de Rato como presidenciable con vistas a un Gobierno de minoría del PP. Otros contactos, llevados con gran sigilo, se han dirigido desde Cataluña al nacionalismo vasco, buscando una reconducción de su deriva soberanista. Por lo pronto Ibarreche ya ha forzado el aplazamiento de la modificación de la Ley Electoral para Vizcaya y Álava que pretendían los talibanes del PNV, aliados a Eusko Alkartasuna. Dando por probable un escenario de minoría parlamentaria a partir de 2004 -sea del PP o del PSOE- los dos partidos nacionalistas tradicionales tratan de condicionar sus apoyos futuros. Etarras a la calle En Interior temen la frustración que puede generar en una sociedad esperanzada con las nuevas leyes penales la salida en tropel de presos etarras hasta 2007, en aplicación del Código Penal anterior a las últimas reformas. En el ámbito de la seguridad la desmoralización ciudadana es constatable; y es que el retraso en la toma de decisiones por parte del Gobierno desde que se detectó el agravamiento del problema (1998) no permitirá evaluar la eficacia de las medidas adoptadas al menos hasta el 2005. Apuesta por la vía policial En todo caso, la vía policial para acabar con la amenaza terrorista está dando sus frutos; una vía que en el plano internacional equivaldría a perseguir la red de Al Qaeda con la coordinación de los distintos servicios de información y fuerzas de Seguridad, en lugar de castigar a los santuarios donde supuestamente se refugian los terroristas. Uno de los aciertos históricos que cabe imputar al Ejército español es que sus mandos nunca fueron proclives a una intervención preventiva sobre el conjunto del País Vasco, y mucho menos de declarar la guerra al santuario francés de ETA.