Aznar envió en misión informativa secreta a Galicia a su director de Gabinete, Carlos Aragonés , para informarse de primera mano sobre el impacto de la crisis del Prestige y la división en el seno de los populares. Su presencia en Galicia pasó desapercibida para las máximas autoridades. El informe de la situación recogida por Aragonés hace cuatro semanas ha servido de base para acontecimientos posteriores en la relación entre Fraga y la dirección nacional del PP. Y es que el Prestige se partió en dos y su fotografía impactó al mundo. Pero acto seguido se partió en dos el Gobierno gallego y la imagen de Fraga conmocionó a la dirección del Partido Popular. Quienes vieron al presidente de la Xunta en la Casa de Galicia en Madrid en plena crisis del Prestige , con solo quince días de diferencia, quedaron impresionados: el primero era un señor bastante mayor; el segundo era un anciano. No era para menos: la dimensión de la catástrofe en sí, el querer esconderla debajo de la alfombra informativa, la incomparecencia del Gobierno durante inacabables días, el cúmulo de desatinos y las torpes declaraciones de ministros y, en fin, esa maldita coincidencia con la cacería de los gallegos (así se la conoce en Madrid entre los participantes) a la que no faltaron, a pesar de lo que estaba sucediendo, los habituales de la Xunta... De los asistentes sólo Fraga sobrevivirá políticamente en el PP con futuro. Ironías de la vida. José Cuiña fue defenestrado el jueves y Carlos del Alamo cotiza a la baja. Botas y a la playa Aquella sucesión de acontecimientos desafortunados impactó seriamente a Fraga, sobre todo por no haber reaccionado. La política de botas y a la playa sugerida por un conselleiro fue descalificada convenciendo al presidente de que todo estaba controlado por Madrid. Y resultó que Madrid controlaba mejor la información que los vertidos. En algún momento Fraga se dio cuenta de lo que pasaba y pegó el bajón. Le contaban una película en su despacho y en la calle ponían otra, alguna con más de cien mil extras gallegos. Cuiña estaba entre los proactivos y, sin embargo, en la continuación del film le han asignado el desagradable papel de chivo expiatorio. Otra ironía, independientemente de los negocios familiares que no se han descubierto esta semana. Lo cierto es que en Madrid llegaron a temer que Fraga, en contra de lo que ha sido su trayectoria de resistencia sin límites, por edad, por salud o por desazón pudiera dar una espantada. Los dirigentes del PP en Madrid lanzaron una consigna inequívoca: sobre todo que no nos naufrague Fraga, porque si desfallece se cae todo. Y todo es el discurso de la normalidad, el feudo de votos y, peor aún, el hecho sucesorio. El análisis interno de escenarios posibles era rotundo: si el presidente está, puede nombrar heredero; si se marcha, la Xunta y el partido quedan descabezados en Galicia . Al informe sólo le faltaba añadir que Madrid entonces se quedaba con el mando a distancia y pocas pilas. Por eso Aznar acertó al mandar a Galicia de incógnito a su director de Gabinete y hombre de absoluta confianza Carlos Aragonés para, sobre la información recogida, recetar medidas de choque y la posterior cirugía. La receta era clara: arropar calurosamente a Fraga. Por eso en días sucesivos, Fraga copresidió con Aznar una Junta Directiva Nacional del partido que fundó, después fue invitado a comer en Moncloa por la familia del presidente y hoy se dirige a la Convención a pesar de que no estaba prevista su intervención. Atención, sin embargo, a lo que señala un alto dirigente popular: se ha despejado el camino de la sucesión de Fraga, pero está por cerrar la brecha abierta en el PP gallego. El riesgo es que resurja la tentación de un partido de centro galleguista que con un par de diputados pudiera actuar en el futuro de árbitro de la situación. Por si acaso, Mariano Rajoy declara que no cree que Cuiña vaya a actuar fuera del partido pero, aunque ahora pasará mal rato, que nadie olvide que sus características se asemejan a lo que los italianos llaman un cavallo di razza . Esa preocupación existe, pero por lo menos ahora se respira al haber eliminado al candidato a sucesor menos controlado y, de paso, haber recuperado el control del calendario. Con Fraga aguantando y sin presiones internas, la lotería gallega de la sucesión no se rifará hasta que salga el gordo de Madrid en dos tiempos, en la decisión de Aznar en otoño y en la de los españoles en la primavera siguiente. Con ese calendario restablecido hasta Mariano Rajoy puede ser sucesor de Fraga. Si no llega al cielo. Ministro a medio tiempo Esas preocupaciones dominan el inicio de un año en el que parece que Aznar sí va a gobernar después de un 2002 casi perdido. Para ello tendrá que reformar el gabinete de pluriempleados que preside: el titular de Medio Ambiente que sólo piensa en las Baleares, el de Ciencia y Tecnología encargado de algo tan poco científico como que Maragall no pueda gobernar en Cataluña, el de Administraciones Públicas dedicado a la secretaría general del partido y ahora el vicepresidente económico escapado sin permiso del pelotón de presidenciables. Solo faltaría que a la ministra de Sanidad, encargada de arreglar los desperfectos causados por Celia Villalobos , le pidieran, como se especula en Madrid, que se ocupe de Galicia a ratos libres.