Sus víctimas narran al tribunal las torturas para que se le retire la Gran Cruz, pero la Abogacía del Estado defiende que sólo por ser asesinado de ETA ya merece la medalla
15 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.«Él no sólo dirigía los interrogatorios. Melitón Manzanas participaba de manera activa en las vejaciones a los detenidos en San Sebastián». Las víctimas del que fue jefe de la Brigada Político-Social de la comisaría donostiarra acudieron ayer al Tribunal Supremo para explicar, con todo lujo de detalles, que el policía al que el Gobierno concedió el 19 de enero de 2001 la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo utilizaba la «tortura despiadada» como forma de trabajo y que su trayectoria profesional no es precisamente la de una persona que diera su vida por la «tolerancia y la libertad», tal y como contempla la Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo. La Sala Tercera del alto tribunal estudió el recurso contencioso-administrativo presentado por Izquierda Unida contra el acuerdo del Consejo de Ministros que otorgó la controvertida condecoración al funcionario franquista asesinado por ETA el 2 de agosto de 1968 en Irún. Una decisión que también fue recurrida ante los mismos jueces por el PNV, cuya reclamación será estudiada el próximo mes de marzo. Recuerdos Los abogados de IU dejaron que fueran dos de las decenas de víctimas de Melitón Manzanas las que, a través de sus recuerdos, expusieran las razones para retirar la medalla. Jesús María García Garde fue una de las personas que pasó por sus manos y ayer declaró. Tenía 18 años y era estudiante de perito de Industriales cuando en abril de 1966 fue detenido por la brigada de San Sebastián. «Por entonces, en Donosti había habido muchas manifestaciones estudiantiles contra Franco. Yo, que no militaba en ningún partido, movido por la curiosidad, participé en algunos actos y alguien me identificó. Me arrestaron. Fueron tres horas interminables en la comisaría del Gobierno Civil. Querían que me autoinculpara, que firmara que yo había organizado aquellas manifestaciones», relató. «Melitón Manzanas -lo identifiqué enseguida, ya por entonces era bien conocido- dirigía el interrogatorio, pero también participó activamente en las torturas. Todo comenzó con unos insultos. Enseguida, los cuatro o cinco policías, junto con Manzanas, comenzaron a golpearme en los testículos. Patadas, golpes en las plantas de los pies, golpes con las porras en la cara, asfixia con una bolsa... Manzanas sólo dejó de pegarme al final y me dejó en manos de sus subordinados. Su orden al despedirse fue: 'Dejádmelo bien blandito'». El estudiante quedó en libertad sin cargo alguno. La letrada de IU Virginia Díaz pidió al Supremo la revocación de la medalla a Manzanas por entender que esta mención no se ajusta a la Ley 32/1999 que creó la Real Orden de Reconocimiento Civil y que deja bien claro que no todos los asesinados por el terrorismo son merecedores de este honor. Tolerancia y libertad Según recordó la abogada, la ley resalta, en su exposición de motivos, que sólo deben ser consideradas víctimas aquellas que, «con su contribución, han sido el exponente de una sociedad decidida a no consentir que nada ni nadie subvierta los valores de la convivencia, la tolerancia y la libertad». Los argumentos de IU fueron rebatidos por la Abogacía del Estado, que defendió la legalidad de la concesión de la medalla a Manzanas porque, según su interpretación, el texto legal sólo fija como condición para obtenerla el «hecho objetivo» de ser víctima de un atentado terrorista. Un planteamiento que, en opinión de IU, llevaría al «absurdo» de que «activistas de la propia banda que han muerto a causa de actos propios o ajenos (de los GAL) fueran indemnizados y honrados por la Administración por haber fallecido por causa terrorista».