El magisterio de Claudio Magris

Elena F. Palacios redac@lavoz.es

ESPAÑA

El autor, que recibió ayer la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, estrena unos monólogos teatrales

13 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Una relación feliz» Docente hasta en la más insignificante respuesta, capaz de hacer accesible el pensamiento más profundo, ejemplarizante en su exposición y en sus maneras, Claudio Magris (Trieste, 1939), situado en la primera fila de los intelectuales de entresiglos, recibió ayer en Madrid la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. «Considero este galardón como la coronación de una relación muy feliz con España, un país que me ha acogido generosamente y en el que siempre me he sentido comprendido», manifestó. Como prueba de su compromiso, Magris acaba de regresar de Galicia. «Veo la tragedia como una mutilación de un mundo que también me pertenece, que es mío». La entrega de la medalla fue el primero de una serie de actos que el escritor italiano tiene previsto realizar en Madrid esta semana. Hoy participará en un homenaje a Marisa Madieri, su esposa fallecida, en el que se presentarán las traducciones de las dos únicas obras que la autora escribió, Verde agua y El claro del bosque, publicadas por la editorial Minúscula. «Mi mujer y yo tuvimos una existencia compartida, un intercambio de ideas, y esa relación es fundamental en mi obra porque mi escritura nace de la existencia de la vida», dice Magris, y en su parlamento se dejan constantemente caer ejemplos de amores felices y parejas duraderas. «La idea de la que parte El Danubio (una de sus obras cumbres) fue de ella, aunque luego cada uno desarrollaba su creatividad. También era maestra en cortar fragmentos en los que me excedía... Yo no sería lo que soy sin ella». Además de los libros de Madieri, Magris trae también bajo el brazo una obra propia, La exposición (Anagrama), la historia de un hombre «que intenta apagar su amor a la vida». Como es habitual en él, el profesor y germanista mezcla los géneros para encontrar su propia voz. «Yo pienso que en la vida también los mezclamos y que cada texto exige una estructura para conseguir una coherencia y un rigor. En eso radica si un libro está bien logrado o no». Estreno absoluto El otro motivo que trae a Claudio Magris a Madrid es el estreno de dos monólogos escritos por él, Las voces y Haber sido. Ambos han sido dirigidos e interpretados por Pepe Martín y se representarán en el Círculo de Bellas Artes desde el próximo jueves hasta el domingo. Es la primera vez que se pone en escena una obra del autor de Microcosmos. Programa pedagógico También por primera vez el Teatro Real se abre a los niños con Bastián y Bastiana, escrita por Mozart a los 12 años. «La primera ópera para niños del Real debía estar compuesta por un niño y nadie mejor que Mozart», explica Emilio Sagi, director escénico de la obra, que se estrenará mañana bajo la batuta de Andrés Zarzo y con Emilio Aragón como narrador. Esta iniciativa del coliseo de acercar la ópera a los más jóvenes tendrá continuidad en abril con la Rita de Donizetti y la inclusión de niños en diversos montajes, dentro de un programa que culminará en unos años con la creación de una academia propia. «No debe pensarse que todo lo dedicado a los niños es menos importante», indica Emilio Aragón, decidido a perseverar en la faceta musical de su carrera, después de destacar que Mozart no era «un niño prodigio, sino un genio de doce años». La integridad de la pieza ha sido respetada, aunque la puesta en escena de un argumento menor sí se haya ideado pensando en el público adulto del futuro. Javier Alonso, Ana Nebot y Celestino Varela prestan sus jóvenes voces a un montaje en el que se pueden reconocer fragmentos de grandes obras de Mozart, como La flauta mágica o Don Giovanni.