Hábil

MANUEL MARLASCA

ESPAÑA

DESDE EL CENTRO

02 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EN TIEMPOS de un poder ensoberbecido y de «mantenella y no enmendalla», se agradecen peticiones de perdón por «algún error» o la confesión de que «ha habido aspectos en los que no he podido ofrecer las soluciones que hubiera deseado». Naturalmente, en el panorama político actual, estas actitudes sólo pueden ser protagonizadas por el presidente madrileño, Ruiz-Gallardón, que a sus indiscutibles dotes gestoras, políticas y dialécticas, une la del olfato. Suyas son las peticiones de perdón por los errores y suya la confesión de alguna impotencia. Se encamina Gallardón hacia una de las más duras batallas políticas de su vida: el «todo o nada» que supone aspirar a la alcaldía de Madrid después de haber renunciado a la confesada voluntad de hacerlo a La Moncloa y, sobre todo, cuando, aun a costa de haber faltado a su compromiso de no volver a presentarse, tenía prácticamente garantizado un tercer mandato al frente de la Comunidad. El presidente madrileño ofrece un bagaje excepcional, pero sabe también lo que le costó desprenderse del «pelo del más listo de la clase», porque los gobernados quieren gentes como ellos, capaces incluso de equivocarse siempre y cuando acepten sus errores como tales. El Gallardón del discurso institucional de fin de año es el Gallardón ya en campaña, que pesa y mide cada palabra, con la ventaja, además, de que es de los pocos políticos capaces de darle a la más medida de sus intervenciones un aspecto de improvisación con el que conquista al más reticente de los ciudadanos. Es el hábil Gallardón en su primera entrega. Y de aquí al 25 de mayo, fecha de las elecciones, veremos muchas más.