La situación política podría abrir el abanico de candidatos más allá de los tres vicesecretarios La evolución de los acontecimientos políticos en los últimos meses de 2002 dibuja un paisaje muy diferente del que se preveía para el relevo en la cúpula del Partido Popular.
01 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.La carrera por la sucesión de José María Aznar se desató en el congreso de enero cuando reinaba el optimismo y la euforia en la filas populares. El heredero de Aznar al frente del partido lo era también, por extensión, de la Presidencia del Gobierno porque ninguna nube parecía oscurecer la expectativa de triunfo electoral del partido en el poder. Sin embargo, la expectativa de la mayoría absoluta ha desaparecido del horizonte y el desgaste ocasionado por el Prestige tiene dimensiones, por ahora, desconocidas, por lo que la sucesión se ha convertido en una auténtica patata caliente. Tal y como está previsto, el PP va a elegir a su candidato a la Presidencia del Gobierno en el próximo mes de octubre. Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas marcarán esta decisión, que supondrá el relevo de la cúpula del centro derecha español, después de poco más de una década con José María Aznar al frente del partido. De la situación política dependerá la continuidad del aznarismo o la aparición de una nueva etapa que supondría un revulsivo en la organización y en todo su equipo dirigente. Aunque se trata también de la elección de un nuevo presidente del partido y de un candidato a las generales, el actual proceso no se parece en nada al que tuvo lugar en el verano de 1989 cuando Manuel Fraga optó por José María Aznar. En la medida en que las cosas salgan bien, el presidente del partido tendrá manos libres para decidir; pero si la situación empeora todavía más, serán los clanes y familias de la organización los que influyan en la decisión. Si la coyuntura política del PP sigue empeorando, muchos dirigentes creen que se verá claramente modificado el elenco de sucesores. En opinión de quienes hacen este análisis, tendrá que ampliarse el abanico más allá de los tres vicesecretarios. Especialmente, si el resultado de las elecciones autonómicas y municipales de la primavera resulta nefasto para las candidaturas populares. Brecha en la dirección Con una seria pérdida de votos en ayuntamientos y autonomías -como se prevé al menos en los municipios gallegos, además de la imposibilidad de recuperar el gobierno de Baleares-, Alberto Ruiz-Gallardón aparece como el favorito para gestionar el postaznarismo. Si, como puede suceder, el candidato al ayuntamiento de Madrid arrasa en las elecciones locales de la capital al frente de la candidatura de la que formará parte Ana Botella, muchos ven en él una alternativa clara a los favoritos de la dirección actual. La sustitución de Aznar por Ruiz-Gallardón abriría una importante brecha en el seno de la dirección del PP y supondría un relevo de todo el equipo actual. Quienes más apuestan por esta posibilidad son los que, hoy por hoy, ocupan la segunda fila en el partido y se lamentan, eso sí en voz baja, del poder omnímodo que acapara el presidente del partido. «Hay dos niveles de sucesión», explica uno de ellos, «en el primero sólo están los tres vicesecretarios y en el segundo, todos los demás», dicen en alusión a otros dirigentes, como Ángel Acebes, Eduardo Zaplana o el propio Javier Arenas.